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domingo, 27 de diciembre de 2020

Ni de izquierda ni de derecha, los toros son patrimonio cultural (nada más y nada menos)

La ley obliga a los poderes públicos a garantizar su conservación y enriquecimiento


¿Es el fútbol de izquierda o de derecha? ¿Y el tenis, el waterpolo, el hockey sobre hielo, el balonmano, el tiro con arco, el atletismo…? ¿Acaso tiene una adscripción ideológica el flamenco, o el cine, o la ópera, o la pintura?

Pues exactamente la misma simpleza se puede y se debe aplicar a la tauromaquia. Y basta para ello una razón histórica: la fiesta de los toros existía antes, mucho antes, de que las corrientes conservadoras y progresistas aparecieran en el debate social.

El espectáculo taurino se incrustó en el corazón de este país al margen de la política, y las plazas se han abarrotado de un público heterogéneo, mezcla de banderías ideológicas, creencias religiosas, situación económica, educación o planteamientos de vida personal o comunitaria.

Un festejo taurino ha sido y sigue siendo un universo, un caleidoscopio representativo, en mayor o menor medida, del pálpito de un país en el que millones de personas sueñan, vibran y se emocionan con las andanzas entre un toro bravo y un ser humano heroico.

Y poco más hay que hablar. Quien pretenda convertir la tauromaquia es un problema político no parece que le acompañe más interés que acosarla, perseguirla y lanzarla por el precipicio de la desaparición.

Convertir la tauromaquia en un problema político no encierra más interés que su acoso y persecución


La fiesta de los toros, en pleno siglo XXI, es algo más, mucho más: “forma parte del patrimonio histórico y cultural de todos los españoles, en cuanto actividad enraizada en nuestra historia y en nuestro acervo cultural común”, según reza en el preámbulo de la Ley 18/2013 de 18 de noviembre para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural.

Así lo decidió la soberanía popular; así es guste o no guste, y por ello debe ser respetada y promovida mientras que la norma siga vigente; una ley que obliga a los poderes públicos a garantizar su conservación, promover su enriquecimiento y a tutelar el derecho de todos a su conocimiento, acceso y libre ejercicio en sus diferentes manifestaciones (artículos 3 y 5).

El problema es que ni el Gobierno popular que presentó la propuesta legislativa ni el socialista actual han movido un dedo para cumplir lo que se aprobó en el Parlamento. Así, la tauromaquia está sola, desolada, perdida y hostigada por sus muchos y graves problemas internos y la desidia de que quienes tienen el mandato de cuidarla y promoverla.

Y este es el único problema: que la fiesta está abandonada a su mala suerte, pues no de otro modo puede calificarse la actitud de la mayoría de los taurinos y de las administraciones públicas.

Y cuando la tauromaquia espera agazapada que escampen el invierno y la pandemia, aparece el libro de Eneko Andueza titulado “Los toros, desde la izquierda”, y zarandea los ánimos y los esquemas de más de uno.

De izquierda a derecha, Idoia Mendia, secretaria general del PSOE vasco, Carmen Calvo, Eneko Andueza y José Guirao, exministro de Cultura.
< De izquierda a derecha, Idoia Mendia, secretaria general del PSOE vasco, Carmen Calvo, Eneko Andueza y José Guirao, exministro de Cultura.

Vaya por delante que Andueza, secretario general de los socialistas de Guipúzcoa, es el segundo mirlo blanco de la tauromaquia moderna (el primero es Victorino Martín, comprometido hasta el tuétano con la Fundación Toro de Lidia), porque hay que ser muy aficionado, muy torero y valiente para saltar al ruedo de la opinión pública, proclamarse políticamente incorrecto y desafiar lo establecido con un libro en el que asegura que “a diferencia de lo que mucha gente concibe, o le han hecho concebir, es tan natural ser aficionado a los toros como no serlo, como es tan natural defender y creer en los valores de la izquierda que no hacerlo, o hacerlo pensando en una autenticidad que no es tal. Y, por supuesto, que es natural conjugar una incondicional defensa de la fiesta de los toros y, al mismo tiempo, defender y practicar los valores de la izquierda. Para millones de ciudadanos en el mundo, incluso, no se entendería una cosa sin la otra. Ese es mi caso”.

Lógicamente, le han llovido las críticas, algunas de los descerebrados anónimos de las redes sociales, pero han sido más numerosas las adhesiones, las más de ellas privadas, de profesionales taurinos y miembros de su partido, el PSOE, tan taurino como ambiguo según las circunstancias políticas del territorio o del momento.

La faena de Eneko Andueza ha sido heroica, artista y comprometida, propia de un aficionado militante, valiente como un torero, dispuesto a la cornada por la causa de la tauromaquia.

Es importante que desde la izquierda saltemos al ruedo y nos manifestemos sin complejos”. (Carmen Calvo)

Y el autor del libro ha conseguido que Carmen Calvo, vicepresidenta primera del Gobierno, firme el prólogo y escriba frases tan sustanciosas como las siguientes:

-“Es importante que desde la izquierda saltemos al ruedo y nos manifestemos sin complejos en este ámbito”.

- “La tauromaquia ha formado parte de la tradición de la izquierda, del mismo modo que lo ha hecho de la tradición de la derecha, porque forma parte de nuestra cultura”.

- “Ha habido, y hay, aficionados de izquierdas y de derechas, toreros de izquierdas y de derechas. Es más, hubo aficionados y toreros antes de que existieran la izquierda y la derecha”.


- “Hubo corridas para recaudar dinero para los golpistas y hubo corridas para recaudar fondos para la República. Uno de los primeros grandes acontecimientos que se celebró en Madrid tras la proclamación de la II República fue, precisamente, la inauguración de la Plaza de Toros Monumental de Las Ventas”.

Ciertamente, por la boca muere el pez.

Hace dos semanas, Eneko Andueza decía en este blog que “Carmen Calvo ha sido una de las personas que con mayor ahínco ha defendido el sector taurino en el Consejo de Ministros”.

Si el político vasco dice la verdad, que así será, habría que concluir que la tauromaquia actual sigue vigente gracias a Calvo, porque ninguna otra defensa se le conoce a la vicepresidenta más allá de estas declaraciones de taurinismo, que no dejan de ser una correcta, moderna y vacía pose transgresora.

Si Carmen Calvo es aficionada y defiende con ahínco la fiesta en el Consejo de Ministros no se entienden los sinsabores que ha padecido y padece a causa de la desidia y abierta oposición de este Gobierno.

En una palabra, que la tauromaquia no necesita de adhesiones políticas, sino de políticos decididos a cumplir la ley. Los toros no necesitan proclamaciones de aficionados de salón, sino gestores que garanticen su conservación y promuevan su enriquecimiento. Todo lo demás son fuegos de artificio sin virtualidad alguna.

Lo único que hay que entender, asumir y aprehender es que la fiesta de los toros está reconocida como patrimonio cultural de este país, y como tal merece una consideración y cuidado que no recibe. Ese es el único y gran problema. Todo lo demás son intentos de desviar la atención mientras la fiesta languidece por falta de oxígeno.

 

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