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domingo, 10 de mayo de 2026

La penitencia.

 


Como el propio autor reconoce al inicio de su columna en la contra del diario El País edición papel –la digital la dejan para las crónicas de Antonio Lorca– de hoy domingo, Manuel Vicent vuelve a su cita anual con San Isidro y suelta su proclama, esta vez con título inequívoco, por si falta hiciera: «Alegato antitaurino».

A Vicent, tan antitaurino y prolífico en mostrarse así como antes otros grandes nombres de las letras españolas que no voy a citar por lo mismo que no vale la pena repetir la lista, tal que si la de los reyes godos se tratara, de eminentes taurinos,  le gusta refocilarse en los tintes más gore de las corridas de toros, sangre, vísceras, vómitos, heces…y, claro,  la tortura y muerte del animal como principio y fin del rito.

En esta ocasión y como signo de los tiempos, añade a su argumentario la asimilación ideológica y partidista de la tauromaquia que, resumida y con matices varios, sería: Derecha=taurinos; Izquierda=antitaurinos.

Lamentándolo mucho y con todo el dolor de mi afición taurina convertida en militancia,  no me queda otra que da visto lo visto, oído lo oído, en estos últimos años tanto en los medios de comunicación, tertulianos varios e incluso en las plaza de toros y durante la corrida (¡piensa que es Pedro Sánchez! al entrar a matar) vítores e himno incluidos. 

No vale como verdad absoluta repetir hasta la saciedad aquello de «los toros no son de derechas ni de izquierdas, son del pueblo». Y no vale porque mientras la izquierda -o lo que dice ser tal- hace bandera de antitaurinismo y desde ella  apenas se alzan voces discordantes, la derecha ha tomado por asalto el toreo desde un discurso identitario y con las ayudas económicas como señuelo.

Vicent  da en el clavo cuando , a modo de puntillazo certero, escribe en el último párrafo: «Si eres un político de derechas y no te gustan los toros, cállate, si quieres medrar; y al contrario, si durante la Feria de San Isidro asomas la jeta por un burladero y apoyas el codo en la maroma podrías llegar a ministro el día de mañana».

La Feria de San Isidro, casi un mes de toros y muchas tardes de «no hay billetes», como también antes la Feria de Abril y otras que vendrán, desde la inminente de Jerez de la Frontera, reapariciones de Morante y Roca Rey en ella, a las de Otoño y San Miguel (la del Pilar, tan señera, en el albur de una subasta), darán cuenta de que la tauromaquia, pese a unos y otros, sigue viva y con público joven en ella. 

Esto último, por cierto, tan cantado desde el taurinismo- y la derecha -como signo de rebelión de la juventud ante prohibiciones, bajo sospecha de muy evidente significación ideológica, no solo en la estética, que no es precisamente de chupas de cuero. Menos mal que llegado el buen tiempo el fachaleco sobra.

El País, diario, ya no es lo que era y no solo el paso del tiempo, la vida y la muerte, es responsable. Aquellas firmas que le dieron lustre, Haro Tecglen, Cueto, Umbral, Vázquez Montalbán, Pradera, Fernández Santos, Almudena Grandes, Javier Marías…o Joaquín Vidal, mucho más que un crítico taurino, ya solo están en el recuerdo y las hemerotecas.

Manuel Vicent sigue ahí y su columna isidril y antitaurina da cuenta de ello. Lo primero es una alegría, lo segundo una penitencia 

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