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lunes, 11 de mayo de 2026

Morante es el torero de la gente


Después de 30 años de alternativa, el torero se desplegó en 2025 como un centro irradiador de tauromaquias pasadas por su cedazo, revitalizadas por su genio. Aquella temporada fue la más insólita en la historia reciente de la fiesta de los toros. Una revelación apoyada en la perturbación de un daño. Morante de la Puebla se sostiene en la fragilidad de una sabiduría antigua y en la inclemencia de un presente atravesado por sus quiebras psíquicas. Esa rareza la concede un sitio único en el arte de torear.

Y por ahí entra a saco Zabala de la Serna, el mejor cronista taurino de las últimas décadas, el titular de Toros de EL MUNDO. Por ahí se anticipa para dar cuerda a un libro necesario: Memoria de Morante (Debate), pieza híbrida en géneros (biografía, entrevista, ensayo, crónica) que nace de la interpretación y de la convivencia con el torero, del diálogo y de las preguntas, de las dudas y del asombro. El eje es la enfermedad del artista, su amnesia desarmante, y desde esa fragilidad sale explorador e insaciable Zabala a buscar razón de esa temporada de 2025 donde Morante de la Puebla se aupó como "el mejor torero de la historia". Así lo explica.


Qué fenómeno es el de Morante.
Uno insólito y comparable, en la capacidad de generar expectación, al de El Cordobés en los años 60 y 70 del siglo pasado, pero desde otro lugar. Se ha convertido en un icono de masas desde el clasicismo y agarrado al rito, sin redes sociales, sin jefe de comunicación... Y cómo ha aglutinado a gente joven.
Cuándo empieza a despertar su atención.
Hace cinco temporadas Morante se destapa como el mejor de todos los morantes posibles después de 30 años de evolución artística. Coincide ese tiempo con la decisión de tomar las riendas de su destino y asume un grado mayor de responsabilidad con la tauromaquia y consigo mismo. Emerge entonces un Morante asombroso. En 2022 me llama la atención la regularidad que mantiene con un toreo de arte mayor. Y eso es inaudito. Empiezo a profundizar y a estudiar su trayectoria, que alcanza el cénit en 2025. En ese momento podemos decir que se trata del mejor torero de la historia.
No tiene duda.
Es que lo es.
Y empieza el germen de este libro de interpretación, exploración, diálogo e interés por entrar en sus penumbras de hombre complejo y difícil de leer.
Es que llama poderosamente la atención cómo puede torear de esa manera con un problema de salud mental tan intenso y desbordante. El año pasado, antes de comenzar la temporada, Morante era una ruina anímica, un escombro. Cuando el día antes de Reyes se prueba a sí mismo con unas vacas en la finca de Álvaro Cubillo no da pie con bola y ya tiene anunciada su presencia cinco tardes en La Maestranza. Desde ese hombre devastado hasta el 12 de octubre, inesperadamente, construye una temporada antológica. Por eso decidí contar la proeza humana que hay detrás de la epopeya torera. Estamos hablando de un tipo con un daño interno causado por una anomalía psiquiátrica severa. Poner el foco ahí da dimensión de su complejidad. De ahí nace este libro.
Aunque el germen parece que es la pérdida de memoria que padece Morante.
Sí. Cuando el ganadero Álvaro Núñez Benjumea me explica que el torero ha perdido la memoria a consecuencia del tratamiento psiquiátrico y me pide algunas de mis crónicas para ayudarle a recobrar recuerdos de algunas de sus tardes importantes quedo impresionado. Un torero es memoria, principalmente. Un artista es memoria sobre todo. De ahí nace el título de este libro: Memoria de Morante. Reconstruyo al torero sorteando su amnesia y ordenando a la vez mis recuerdos de él.
Padece una amnesia de sí mismo como artista, pero tiene conciencia clara de sus hijos, de sus parejas, de sus amigos, de su madre...
El olvido le ha golpeado en el lugar que más necesita para torear: sus recuerdos de torero. La pérdida de memoria puntual está provocada por los electrochoques. Con el tiempo ese vacío parece que se mitiga, pero ha pasado momentos inquietantes. Por ejemplo, cuando va a la finca de Garcigrande no recuerda que en 2023 había cortado un rabo a un toro de esa ganadería. Y así sucede con tantos otros detalles que un torero nunca olvida.
Este trabajo no es una biografía ni un ensayo...
Porque es un viaje a Morante y con Morante. He tenido acceso total a él, sin restricciones. Su generosidad y la de Pedro Jorge Marques, su hombre de confianza, ha sido formidable. Me han concedido el privilegio, como testigo directo, de vivir con ellos las experiencias principales del año pasado. Hemos mantenido entrevistas muy íntimas, lo he acompañado en viajes durante la temporada, hemos profundizado en su infancia, en su vida más familiar y también en la más pública, como la apoteosis de Pamplona aquel 9 de julio de 2025. He sido testigo, a su lado, de la caída de esos muros que se le resistían, como la plaza de toros de Las Ventas, que conquistó definitivamente en un 2025 de todas las glorias, con dos puertas grandes. El prodigio es la temporada que realizó el año pasado. Y desde ahí he querido indagar hacia adelante y hacia atrás con él. Y me lo permitió, hemos ido juntos a la plaza donde se estrenó de chinorris, he conversado a fondo con su madre... Es un libro que interpreta al torero y al hombre en muchas direcciones.
Hacia dónde va Morante.
La clave de todo está en su valor. No sé a dónde puede llegar. En algunos momentos he pensado que en lo suyo hay algo de inmolación, por los terrenos que pisaba delante del toro. La tauromaquia de Morante se construye desde muchas tauromaquias recobradas y pasadas por su filtro personalísimo, pero a la vez desarrollada en los terrenos imposibles de José Tomás. Esto genera una explosión y una conmoción de alcance insólito. Su misma épica vital la traslada a la plaza de toros y sólo así, desde lo imprevisto y la enfermedad psiquiátrica, revienta todas las costuras del toreo.
Entonces hacia dónde va.
A veces pienso que su aventura es la búsqueda de un final que haga de él un mito inmortal por la transgresión de todas las líneas rojas y de todas las lógicas concebibles. Aunque también quiero creer que esa inmolación tiene un freno en la racionalidad y que no llegará a... Aunque la racionalidad en Morante, dónde está.
Dónde está.
Es difícil de saber. Hablamos de alguien que te dice cosas así: "Siento que los toros me bordean como al canto de una puerta". Esa sensación de irrealidad, de percepciones de orden onírico, no aceptan demasiada traducción. El suyo es un acto casi sacrificial porque sitúa su relación con el animal en otra dimensión.
Morante de la Puebla retratado por José Aymá en el mausoleo de Joselito El Gallo.
Morante de la Puebla retratado por José Aymá en el mausoleo de Joselito El Gallo.

¿Tiene par en la historia de la tauromaquia?
Alguna vez se ha hablado del fenómeno de El Cordobés, pero éste último actúa desde la heterodoxia. Morante es otra cosa: tiene lo mejor de los mejores. Y cuando toma eso lo hace propio y lo ensancha. Hace tiempo que tengo claro que Morante es un gallista que se explica por Belmonte.
Vamos con eso.
Quiero decir que es un torero largo que encuentra en el temple, la quietud y la profundidad abelmontada su mejor desarrollo. Pero trabajando en este libro me di cuenta de que ese gallismo no sólo apela a Joselito El Gallo en su teoría de la expansión de la fiesta y de ser torero dominador de muchas suertes, sino también a su hermano Rafael: por el caos, por el desorden, por la expresión. Rafael El Gallo es el primer belmontista en la etapa prebelmontina. Rafael pasa a la historia por las coñas de sus espantadas, idas y venidas, pero cuando lo estudias entiendes que es un artista imprevisto y sensacional.
La estampida y el regreso último de Morante también desconcertó.
Y cómo no comprender incluso la decepción o la estafa emocional que sintieron algunos aficionados ante la reaparición de Morante sin haberse ido... Aunque estoy convencido de que la tauromaquia es infinitamente mejor con Morante que sin él. Y además eso liga con el gallismo de Rafael: la insubordinación, esa manera afrontar las temporadas sin una estrategia clara. Por eso también conviene entender el arte y la épica de Morante desde la generosidad, otro de los vértices de su identidad. Ha toreado con todos y en todas partes sin anteponer el dinero.
¿Y eso lo entiende?
Comprendo sin entender del todo muchas cosas de él. En una entrevista dijo algo que podría explicar la condición errática de algunas de sus decisiones: "Vuelvo porque hago falta".
¿Y es cierto?
Por entero.
Algo de vanidad también asoma.
Cómo no. Morante está en una situación de dominio y poder en la fiesta de los toros, algo que no ha tenido antes en sus tres décadas de trayectoria. Abandonar ese terreno en este momento debe joder mucho. El que manda ahora mismo en la fiesta se llama Morante de la Puebla y ese sitio no lo quiere dejar.
Es un torero de reconocimiento temprano, pero de lenta maduración y en zigzag. A finales de los 90, José Tomás dominó el horizonte y 30 años después lo hace Morante. Dos toreros de mucha arista.
A finales de los años 90 dominaba José Tomás, sin duda, pero fue derivando a unas apariciones muy medidas. Tomás fue un monstruo, pero Morante tiene una visión más expansiva y menos elitista. Cierto que su maduración ha sido lenta, pero siempre con el hilo conductor del genio. El genio habita en él desde el origen de su aventura, pero con el tiempo suma un entendimiento del toro y del material que tiene enfrente: la bravura. El primer Morante estaba más entregado al arte por el arte, sin tener siempre en cuenta las condiciones del toro, entonces aplicaba una tauromaquia bellísima pero muy quebrantada. Es en la madurez cuando le gana un paso al animal, le valen más toros dentro de su leyenda de mala suerte en los sorteos, y le hace al toro lo que procede, con lo cual también crece, se desarrolla y va a más. Eso es parte de su condición genial.
Con algunos momentos difíciles como su apoyo a la extrema derecha de Vox.
Igual que trasciende los terrenos de la tauromaquia, Morante desborda los espacios previsibles de la ideología.
Pero su posicionamiento es claro.
Bueno, él tiene una idea de España y cuando Vox irrumpe ondea varias banderas que le atraen: la defensa de lo rural, del campo y de la tauromaquia. Pero en un momento se da cuenta de que ese territorio es complicado y marca una distancia. Tiene una relación de amistad con Santiago Abascal, de quien ha estado cercano en algunos momentos de su vida, pero sabe que no se le puede enmarcar a él ni al toreo en un sólo partido ni en una sola ideología. La fiesta de los toros es transideológica. Hace años pertenecía a un ámbito cercano a la izquierda y después del apaleamiento de la extrema izquierda ha encontrado refugio en la derecha. Morante es el torero de la gente: lo ama la gente de izquierdas y de derechas. Ahora se sitúa ahí. La gente lo adora en Sevilla, en Pamplona y en Azpeitia.
¿Qué Morante queda en usted después de esta aventura?
El genio inclasificable, el enfermo del toreo. El toreo es su salvación y su condena. En él morirá. Que Dios nos lo tenga mucho tiempo vigente, pero hay que encontrar relevo joven porque estamos apostando por un hombre de 47 años, más cerca del adiós que de la permanencia.

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