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martes, 22 de septiembre de 2026

El triunfalismo


 
El triunfalismo no es bueno en ninguna profesión ni en otras facetas de la vida, pero menos aún lo es en el toreo, y más todavía si se trata de una manifestación falsa e interesada por distintos motivos.

Engañan y perjudican más a la Tauromaquia en general los que cada tarde están viendo la “corrida del siglo” que los que no se amedrentan al señalar los hechos y circunstancias que no les han gustado de cada lidia.

La crítica es la que siempre nos permite corregir errores, mejorar y, por tanto, progresar y apoyar de verdad a nuestro arte legendario, siempre que sea constructiva y no llevada tampoco por oscuros intereses personales, sobre todo los económicos, como ocurre muchas veces en el extremo contrario con los falsos elogios y las hipócritas alabanzas.

Nuestro rito milenario se mantiene desde hace siglos gracias a que aficionados valientes, los que lo aman de verdad, han sido capaces de indicar los errores o fallos que podían corregirse y los que debían cambiarse, sin perder su esencia original, para hacerlo más grande y universal.

Si siempre hubieran imperado los especialistas actuales en pronunciar panegíricos, que en cada corrida califican las faenas que hagan falta como “históricas”, estaríamos todavía a lanzazos contra los toros, por lo que esto habría desaparecido por su falta de consistencia, adaptación y atracción.

Y si damos un salto en la Historia y nos situamos en el inicio del toreo a pie, nunca habríamos podido disfrutar de esa belleza sublime de ver a un hombre, con los pies bien asentados y quietos en el ruedo, llevar, mandar y dirigir muy despacio, cerca y templado, con solo un trapo, al animal más bravo de la Tierra. Es decir, convertir una histórica lucha salvaje entre dos especies en una danza tan excelsa como efímera.

No podemos alabar y ensalzar el toreo despegado, al hilo, con el pico de la muleta, sin cruzarse ni cargar la suerte, o las estocadas y banderillas mal ejecutadas y colocadas, porque ello va en contra de todos los principios y criterios que los dos grandes revolucionarios del toreo, Joselito “El Gallo” y Juan Belmonte, establecieron hace ya más de un siglo.

Y lo hicieron gracias a que observaron y buscaron los defectos y aspectos mejorables de la Tauromaquia anterior. Es decir, porque fueron críticos constructivos. Porque, si no lo hubieran sido, el gran espectáculo actual sobre el albero no sería posible. Y, en principio, fueron criticados e incomprendidos por ello, pero al final se impuso la lógica en cualquier arte y otras disciplinas, que no es otra que defender la mayor verdad y autenticidad posibles.

No podemos apoyar técnicas de toreo que supongan un menor riesgo para el diestro, porque la base de nuestro rito es buscar el mayor peligro posible y superar el miedo que ello supone. Porque ya no es un enfrentamiento, pero sí un encuentro para alcanzar el éxtasis que supone sobrevivir en una situación tan extrema como la que se vive en el albero.

Los toreros son héroes y no magos o actores, que simulan la realidad, sino que se enfrentan a ella de frente y tal como es, sin fuegos de artificio. Cuanto más duro sea este reto voluntario, muchísimo mejor para alcanzar lo que queremos ver los espectadores y aficionados, y lo que desean alcanzar los protagonistas de esta breve e inigualable odisea.

Esto no supone buscar o provocar el suicidio del diestro, sino todo lo contrario. La vida debe resurgir cada tarde del peligro de muerte más inminente y presente.

El toreo es algo similar a desafíos del hombre cada vez más habituales, que antes eran considerados como “locuras”, pero que ahora comparten y aplauden muchos. Entre ellos están, por ejemplo, subir a picos de montaña donde no se nos ha perdido nada y por el camino más difícil, o recorrer cuantos más kilómetros mejor, sin otro interés que superarse a uno mismo.

Son actividades que se han impregnado de la esencia antimaterial y metafísica de la Tauromaquia, porque muchos han comprendido también que no solo de pan vive el ser humano, ni que todo se puede basar en que dos más dos sea cuatro. Los sentimientos también existen.

Como no cortemos este contraproducente y falso triunfalismo, que inunda ahora el mundillo de los toros, perderemos poco a poco y sin pausa el nivel y la magnitud artística y ritual que los festejos taurinos han alcanzado, al lograr convertir la lidia en una danza ceñida entre la vida y la muerte, donde los pitones pasan lo más cerca posible de un cuerpo humano, lo que compone una escena y una secuencia llena de valor y grandiosidad.

Una imagen y unos breves momentos que nos hacen saltar nuestros sentimientos y emociones, hasta hacernos llorar y ponernos la piel de gallina. Gracias a las críticas de nuestros antecesores se acabó con una mera lucha o combate por la supervivencia, que en las circunstancias de la civilización humana de entonces tenía sentido, pero que ya sería absurda e injustificada.

Los críticos en la Tauromaquia no pueden ser otros que quienes la conocen y la aman con honestidad, porque al público en general y a los espectadores ocasionales en las corridas no se les puede exigir que diferencien lo bueno de lo malo para que el toreo progrese, porque no tienen criterio para ello por desconocimiento.

Es el aficionado taurino puro, sin más intereses que su santa devoción, quien debe vigilar para que se cumplan los valores, normas y principios fundamentales de nuestra disciplina artística sin parangón.

Entre ellos tienen que estar todos los presidentes de las plazas, empresarios y profesionales del toro. Es mucha la responsabilidad que tenemos entre todos para mantener la seriedad en nuestro rito milenario, adaptado siempre a los tiempos, porque así es la única forma de consolidar y garantizar el futuro de nuestro arte universal y de continuar con esta maravillosa manifestación humana legendaria.

Así sea.

Por: Antonio Cepedello.

martes, 15 de septiembre de 2026

La corrida concurso; una romántica reliquia

 


Los empresarios, en búsqueda de la novedad, han intentado desde siempre atraer a los diferentes públicos con la presentación de corridas diferentes o especiales. Pero entre ellas las corridas concurso parecen ser una romántica reliquia exclusivamente conservada para los aficionados a los toros más puristas.

Dentro de las diferentes clases de festejos taurinos que se dan en una feria, podemos encontrar frecuentemente a las tradicionales corridas de toros, novilladas, corridas de rejones, festivales, becerradas y las mal entendidas corridas mixtas que juntan en un mismo cartel a rejoneadores y toreros, pues el término ‘mixto’ sólo está bien usado cuando en un mismo festejo se corren novillos y toros, es decir, cuando matadores de toros y novilleros hacen el paseíllo juntos. Sin olvidar los festejos cómico-taurinos o, últimamente, los semi-profesionales concursos de recortadores.

Pero con la intención de conmemorar fechas especiales, realizar algún homenaje o simplemente generar novedad entre el público, los empresarios han tratado de marcar diferencia en festejos puntuales para asegurar un lleno y crear una tradición en torno a ese evento. Es así cómo han nacido las corridas Goyescas, Pinzonianas y las Picassianas entre otras. El fondo del festejo es realmente el mismo de las corridas ordinarias, sólo cambia el traje con el que se visten los toreros, la decoración de la plaza, la pompa de los paseíllos y, en algunos casos, se pueden realizar algunas suertes caídas ahora en desuso.

El último intento por crear un evento taurino realmente especial y diferente lo hizo el dramaturgo catalán Salvador Távora, el 19 de marzo del 2006 en la plaza de toros de Espartinas. Se llamó la «Corrida Moderna», y sólo se realizó en aquella ocasión. Era un híbrido en el que los picadores fueron reemplazados por rejoneadores, el paseíllo se realizaba entre flores y sobre una tela blanca, los pasodobles dejaban espacio a otros géneros musicales, y los forçados portugueses y los recortadores españoles también tenían su sitio, entre muchos otros cambios. El ensayo no gustó a nadie… ya sabemos lo reacios que somos los taurinos al cambio, y más cuando se quieren hacer todos de un solo golpe, sin su debida evolución.

Pero dentro de todos estos tipos de celebraciones taurinas hay una que marca diferencia por su sentido: La corrida concurso de ganaderías. Buscar en la historia el inicio de esta práctica nos lleva a los días en que cada empresario escogía los toros mejor rematados en la finca donde se acogían las ganaderías para las ferias, sin importar el hierro de procedencia. De tal manera que una tarde podía salir indistintamente cada toro de una ganadería diferente. Para entonces, el mayor prestigio para un ganadero era que se lidiara una corrida suya completa.

Pero el establecimiento de la competencia anunciada en un cartel no está muy claro. Lo que sí está definido es la época de su auge. Fue a mediados del siglo pasado, cuando comenzaron a proliferar en todo el territorio español los festejos en los que se medía con especial rigor el comportamiento de cada toro y se premiaba al ganadero que llevara al ejemplar mejor calificado. La tradicional corrida goyesca de Ronda, que se celebró por primera vez en septiembre de 1954, comenzó siendo también una corrida concurso hasta su edición del 10 de septiembre de 1959.

Las corridas concurso más reconocidas en toda España por su seriedad, categoría y tradición son las que se han realizado en Jerez de la Frontera. Surgieron el 11 de septiembre de 1955 por iniciativa del entonces alcalde de la ciudad, ganadero y rejoneador D. Álvaro Domecq y Díez. Zaragoza es otra plaza en que se han dado muchas tardes de retos toristas.

Las novedades que en ella se instauraron, como una tercera raya de cal más hacia el centro del anillo desde donde se debía colocar al toro por primera vez al caballo, la obligación de hacer la suerte de varas al menos tres veces y la posibilidad de usar el regatón del palo para las siguientes acometidas del astado al caballo. Unidos al estricto otorgamiento de los indultos y los parámetros de calificación, se copiaron y se asumieron como regla en los demás concursos de ganaderías que se realizaron por todo el territorio español. Todo esto hizo de esta corrida, no solo un evento singular, sino que además la dotaron de una importancia en cuanto a que los aficionados más reconocidos a los toros la tenían como una cita obligada en su calendario. Por esta razón las corridas concurso han sido catalogadas, por algunos, como el último resguardo de afición pura y también la más verdadera de las expresiones de bravura del animal, por cuanto los ejemplares en ellas lidiados, son de mejor reata y presentación.

No en vano, el único indulto realizado en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid ha sido en una de estas corridas concurso, precisamente el 19 de julio de 1982, cuando el toro «Velador», de Victorino Martín, se hizo merecedor de tal honor, luego de la lidia que le dio el diestro cartagenero Ortega Cano.

lunes, 14 de septiembre de 2026

100% abonable ,récord histórico en Las Ventas


 
Plaza 1 ha conseguido un hito histórico e inédito en la gestión  de Las Ventas al vender el 100% del cupo máximo de abonos permitidos por la Ley para la próxima Feria de Otoño, alcanzando la cifra exacta de 21.816 abonados.

Este logro supone haber agotado por completo el cupo de abonos que la legislación taurina y los pliegos de condiciones autorizan comercializar en el coso madrileño. En una plaza con un aforo legalmente establecido que ronda las 22.964 localidades, la normativa obliga estrictamente a reservar un 5% del aforo total de cada festejo para su venta directa en las taquillas el mismo día de la corrida, por lo que llegar a los 21.816 abonos significa que la empresa ha colgado el cartel de «agotado» en el tramo de abonos de forma anticipada antes del comienzo del ciclo.

Este dato supone una auténtica proeza y una demostración incontestable del dinamismo y la excelente salud que atraviesa la afición taurina en Madrid. Alcanzar este techo es un logro sin precedentes que hasta la fecha , consolidando un crecimiento sostenido del número de abonados en las últimas temporadas. A través de este resultado, la Feria de Otoño reafirma su estatus como un acontecimiento de máxima relevancia social y cultural, donde la masiva respuesta del público garantiza un ambiente formidable tarde tras tarde y obliga a que la masa de espectadores no abonados tenga que competir exclusivamente por ese 5% diario de entradas impuesto por Ley. En definitiva, certificar el 100% de los abonos posibles refrenda el éxito del modelo de gestión, rejuvenece y fideliza la masa social de Las Ventas y transforma cada jornada del serial otoñal en un evento de expectación absoluta.



sábado, 12 de septiembre de 2026

TV OTOÑAL

 Las cámaras de televisión de Telemadrid estarán presentes en la Feria de Otoño de Madrid. La cadena autonómica madrileña ofrecerá en directo los tres últimos festejos programados en Las Ventas.

Serán el sábado 10, el domingo 11 y el lunes 12 de octubre. El primero de los días hay programada una novillada con reses de Fuente Ymbro, Montealto, Conde de Mayalde, Torrehandilla, Domingo Hernández y Julio de la Puerta para Álvaro Serrano, como único espada. Al día siguiente se celebrará el mano a mano entre Antonio Ferrera y Román con toros de Adolfo Martín.

El plato fuerte será el 12 de octubre, día de la Hispanidad, cuando Telemadrid ofrezca el regreso a Las Ventas de Morante de la Puebla junto a Héctor Gutiérrez y Aarón Palacio, que confirma alternativa, y toros de Garcigrande y Núñez del Cuvillo.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

CARTELÓN EN CORTEGANA

 


Este domingo el bello coso serrano onubense albergará un evento taurino de gran nivel.  Por la mañana tendrá lugar el  tradicional acto del "manifiesto" donde se exhibirán las reses a lidiar, desembarcando desde el camión , pasándolos al ruedo con toda su pujanza y luego al chiquero en espera a que de comienzo el festejo.Es recomendable asistir a Cortegana matinalmente para ver a los toros, su morfología, sus diferentes capas , el trapio bravo recien traido del campo.Recrearse en tan bello animal y elucubrar su juego sobre la arena en cuanto suene el clarín.

 Tres buenos hierros componen la corrida, dos reses de cada ganadería que son : Villamarta, Murube y Castillo de Huebra.Tres interesantes líneas de sangre brava ,en momento tan dulce que ilusionan verlos embestir engalanando su estirpe. 

Y tres diestros extraordinarios. Abre plaza el riojano Diego Urdiales ,maestro de culto cuya torería es un compendio de los cánones del arte de Cúchares.Difícilmente se le ve por escenarios andaluces y por ello es un honor que haga el paseillo en nuestra provincia.

A continuación será el turno del valeroso  David de Miranda en el año de su triunfal ascenso al grupo especial de matadores nacionales , con el aval de muchas tardes de gloria por toda la geografía española. Cortegana es una de sus plazas, donde siempre dejaron huella sus meritorias faenas, desde novillero ,al calor de su público. 

Y cierra la terna  Javier Zulueta ,el principito rubio  en el que tantas expectativas se levantan con sus aromas de alta escuela sevillana.Un torero en fase de madurez que desarrolla un concepto estilístico de encomiable pureza.

Taurina de Buendía vuelve a ofrecer al buen aficionado un atractivo espectáculo ,con un  formato abierto  , tres ganaderías y tres toreros en un cartel de gala para no perdeselo.


miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sin un gran toro no hay grandes toreros

 


El toro es el que le confiere importancia a todo. Es el auténtico eje sobre el que gira la Tauromaquia. Resulta fundamental que su trapío despierte admiración y respeto desde el mismo instante en que salta al ruedo. Pero aún más importante es que haga honor a su condición de bravo, que exhiba la casta que se le supone y que transmita sensación de poder.

Es el toro quien otorga al matador el estatus de ídolo, de héroe capaz de hacer aquello que el resto de los mortales somos incapaces siquiera de imaginar. La Tauromaquia comienza a resquebrajarse cuando el espectador sentado en el tendido llega a pensar que lo que sucede sobre el albero no entraña demasiada dificultad, que incluso él mismo sería capaz de coger una muleta y dibujar algunos pases. Cuando desaparece la sensación de riesgo y de exigencia, también se desvanece buena parte de la grandeza del toreo.

Recuerdo que en 1994, el representante de Jesulín de Ubrique, Manuel Morilla, se atrevió a coger la muleta para darle unos pases a un toro de su poderdante en la plaza de Sanlúcar de Barrameda. Aquella escena llamativa y desafortunada evidenciaba la extrema docilidad de los toros. Lejos de ensalzar la figura del torero, contribuía a restarle mérito, porque transmitía la falsa impresión de que cualquiera podía ponerse delante de un astado.

Sin embargo, cuando el toro acomete con codicia, prontitud, recorrido y poder, a nadie se le ocurre pensar que lo que presencia es una tarea sencilla. Todo lo contrario. Cuanto mayor es la exigencia del animal, mayor es el reconocimiento que recibe el torero. Su labor adquiere categoría, peso y significado.

No se trata de reclamar la aparición de la alimaña imposible que hace inviable el toreo, sino del toro enrazado, el que exige aptitud, recursos, valor y capacidad; el que pone a prueba al matador y, precisamente por ello, le concede jerarquía cuando es capaz de imponerse. El toro que permite veinte muletazos mandones, ligados y emocionantes, sin ofrecer la cómoda excusa de que se ha parado o de que ha embestido con esa sosería que convierte la faena en un ejercicio estético y rutinario.

La reciente Feria de Julio de Valencia dejó un ejemplo muy ilustrativo. Roca Rey pudo haber salido por la Puerta Grande porque existió petición de dos orejas. Sin embargo, la presidencia únicamente concedió una amparándose en el artículo 82.2 del Reglamento de Espectáculos Taurinos, que establece que “la concesión de la segunda oreja de una misma res será de la exclusiva competencia del Presidente, que tendrá en cuenta la petición del público, las condiciones del animal, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la estocada”.

El palco interpretó que la extraordinaria dulzura del toro, que permitió torear prácticamente como de salón, sin aparentes complicaciones —aunque evidentemente siempre las hay—, restaba entidad a la obra del diestro. Y, en consecuencia, únicamente concedió el trofeo cuya atribución corresponde a la voluntad del público.

Es muy posible que, con un animal apenas un punto más encastado, con un ápice más de transmisión y de exigencia, la rotundidad de la faena hubiera resultado incontestable y la segunda oreja no habría encontrado discusión.

El toro que necesita la tauromaquia es el que transmite, el que provoca emoción, el que confiere importancia a todo.

Es verdad: sin toro nada tiene importancia.

Esa frase de que sin toro nada tiene importancia sigue en vigor como dogma del toreo. Todo gira en torno al toro y al torero.
 Tienen la misma importancia uno y otro. No sirve una fiesta de toreros con  el toro en papel secundario.
 No vale tampoco entronizar al toro como lo único importante de un carte
lPor desgracia, la mayoría de los asistentes a las plazas desconocen la ganadería de la tarde.
 Y aunque ello sea cierto, la obligación de los profesionales y de los buenos aficionados es que el toro cobre el protagonismo que debe tener en la corrida..

domingo, 23 de agosto de 2026

Una tauromaquia desnaturalizada

 

Málaga, plaza de toros de primera y tercera de España



Una corrida de admirable trapío, brava, encastada y exigente de Victorino Martín salva una feria tan divertida y generosa como intrascendente.


Por ANTONIO LORCA.

Benditos victorinos! ¡Bendito aquel a quien se le ocurrió que volvieran a la feria de Málaga tras doce años de ausencia! Gracias a esos toros cárdenos, de deslumbrante estampa, mirada desafiante, fiereza en las entrañas, casta desbordante y un interminable afán de lucha se ha salvado la Feria de Málaga, que estaba en un tris de morir de un éxito tan divertido como intrascendente.


La Diputación Provincial, propietaria de la plaza, y Alberto García, el nuevo empresario, están seriamente empeñados en que el coso de Málaga, de primera categoría según el Reglamento Taurino andaluz, junto a los de Sevilla y Córdoba, sea el tercero de España, -tras Las Ventas y La Maestranza-, por el prestigio, la seriedad (el toro y la exigencia de la autoridad y de los tendidos) y la repercusión de los festejos que allí se celebran.

Pero no parece que ese objetivo sea fácil de conseguir porque existen determinadas fuerzas y circunstancias que trabajan a destajo para que Málaga sea el reflejo de una plaza turística y no ese centro de referencia de cultura taurina a la que se aspira.

Lo sucedido en la recién finalizada feria así lo confirma; al menos, hasta que este viernes pasado llegaron los victorinos, pusieron patas arriba el ciclo y dijeron a viva voz que todo lo que había sucedido hasta entonces era un simulacro de la fiesta de los toros, que ha estado basado en tres pilares fundamentales: un toro sin trapío, un palco presidencial volátil y un público generoso y jaranero.

Hasta entonces, hasta ese viernes, se habían cortado 17 orejas, y habría que buscar con lupa cuántas alcanzaron la consideración de meritorias; de ellas, dos de una tacada pasearon el rejoneador Diego Ventura y los matadores de a pie David de Miranda, Marco Pérez, Emilio de Justo y Fortes. Y no hay que ser muy exigentes para afirmar que solo las que recibió Ventura respondieron con justicia a lo realizado en el ruedo. Las demás, regalos de unos tendidos rendidos a la diversión y encabezados por un palco presidencial sin criterio. Se puede ser torerista, pero no hasta ese extremo.

Es prácticamente imposible alcanzar el loable objetivo del prestigio (plaza de primera y tercera de España) si no existe una afición exigente con la pureza y la integridad, sabia y generosa a un tiempo, que defienda los valores fundamentales de la tauromaquia clásica. Y en Málaga, como en el resto de las plazas de este país, es tan minoritaria que su presencia pasa inadvertida.

En segundo lugar, el toro. Ricardo, uno de los hijos del ganadero Victoriano del Río, dijo el miércoles en una tertulia malagueña que “los toreros son los que mandan y exigen”. Así se explica que a Málaga hayan acudido algunas de las ganaderías más bonancibles del mercado: Lagunajanda, Juan Pedro Domecq, El Parralejo, Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo, Garcigrande y Torrealta, y ninguna de ellas haya destacado ni por presentación ni juego.

Aunque no esté de moda, el toro es el gran protagonista que da sentido a esta fiesta, que se llama, precisamente, “de los toros”, y que hoy, por imposición de los taurinos, se ha convertido en la “de los toreros”.

El toro lidiado en esta feria de Málaga, justo de presencia, de carácter bonancible y escasa fortaleza, a semejanza del de La Maestranza, es incapaz de crear la emoción inherente a este espectáculo, y sin la cual carece de todo sentido. Los pañuelos que han flameado en estos tendidos no respondían a la pasión de la intensidad de la lidia, sino a un exagerado interés por justificar el precio de las entradas con una desmedida diversión cuantificada por el número de orejas concedidas.

Y el palco. Se suponen el conocimiento y la buena voluntad de los presidentes, pero no son ambas condiciones suficientes para dirigir un festejo taurino. Las dos personas que han asumido esta responsabilidad en Málaga han dado muestras de una preocupante debilidad, incapaces de aguantar la presión de los tendidos para mantener el prestigio anhelado.

Así, llegó el viernes 21, los toros de Victorino provocaron la revolución y el tercero, de nombre Borracho, número 53 y 587 kilos, recibió los honores de la vuelta al ruedo. Si muchas corridas salieran como esta, más de la mitad del escalafón estaría en su casa. Que se lo pregunten, si no, a Escribano, Emilio de Justo y Fortes, que sudaron la camiseta de verdad para salir airosos de un durísimo compromiso para el que, sin duda, no están acostumbrados los toreros de hoy.

Manuel Escribano es un héroe contrastado sin el justo y merecido reconocimiento en una tauromaquia que valora la estética por encima de todo. Protagonizó una verdadera gesta (fue herido en una pierna por el primer toro y pidió a sus compañeros y a la autoridad matar al cuarto en segundo lugar antes de entrar en la enfermería), y pasó por la Feria de Málaga como un auténtica figura del toreo.

Emilio de Justo salió por segunda vez a hombros por la Puerta Grande tras una actuación memorable en la que los victorinos pusieron a prueba su capacidad como torero; y segunda salida en triunfo, también, para el malagueño Fortes, torero muy querido en su plaza, que estuvo a la altura de un victorino de vuelta al ruedo.

Fue una tarde preñada de emociones, una corrida de las que prestigian una feria.

Claro que Málaga no es una isla solitaria. La tauromaquia actual está desnaturalizada por ese público moderno, entusiasta y con nula formación taurina, mayoritario en todas las plazas, que ha conseguido bajar el listón de la exigencia en Sevilla y Madrid, que son los referentes de la fiesta.

Y el ciclo se cerró ayer con la corrida conmemorativa del 150 aniversario de la plaza, construida en 1876. Toros de tres ganaderías, Torrealta, Garcigrande y Núñez del Cuvillo (una limpieza de corrales en toda regla), una vuelta a la nobleza sin celo, a la insufrible mansedumbre y a la bondad no exenta, claro está, de riesgo. Morante sufrió un tremendo volteretón a la salida de un natural. El cuarto, de Garcigrande, lo enganchó por la parte baja de la taleguilla, a la altura de la tibia de la pierna derecha, lo levantó y lo estampó contra la arena; allí lo zarandeó por la espalda, primero, y quiso empitonarlo con saña, después, en el pecho y en la cara hasta que pudo ser auxiliado por sus compañeros. No resultó herido, pero sí magullado y dolorido, de modo que renunció a dar la vuelta al ruedo con la oreja que le concedieron. De sus muñecas surgieron los destellos más sublimes con el capote y la muleta; Roca Rey y David de Miranda salieron a hombros tras cortar tres y dos orejas, respectivamente, ganadas valerosamente ante animales descastados.

En resumen, sin toros que transmitan miedo y respeto al tendido, sin una afición sabia y generosa y sin un palco con autoridad contrastada es imposible hacer realidad el loable objetivo de la Diputación Provincial y Tauroemoción, la nueva empresa. La fiesta de los toros, hoy y siempre, carece de sentido sin rigor.