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jueves, 3 de diciembre de 2020

El más culto de todos los públicos.

 


La leyenda negra sobre el toreo no deja de ser una Fakenews más. Interesados en poner cerca el horizonte final de este espectáculo, se insiste en afirmar que el público de toros es, mayoritariamente, de la denominada ‘tercera edad’. Y otra leyenda negra es que el asistente a los toros tiene un perfil de incultura a propósito de su barbarie cultural gustativa. Estas fakes quedan desmontadas por los datos oficiales del propio Ministerio de Cultura en sus estadísticas oficiales.

Según las dedicadas al año 2019, la edad del asistente del público de toros rejuvenece. Primero, el público de toros tiene un ‘target’ de edad absolutamente ‘transversal’ en pertenencia generacional. Los asistentes con un arco de edad entre los 15 y los 19 años tienen el mayor porcentaje, con casi un 11%, frente a los ‘jubilados’, que alcanzan el 7%. Pero, además, el arco de asistencia por edad entre los 15 y los 44 años, es de un 37%. Recordando que en muchas comunidades, la asistencia de menores de edad o no está permitida o tiene condicionantes.

Respecto a nuestro nivel cultural, resulta que somos el sector con el nivel de consumo cultural más cualificado y cuantificado, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales. Un 64% de los aficionados a los toros, tienen el hábito de consumir cine. Nada más ni nada menos que un 70,3 % es lector de libros, un 32% consume obras de teatro en sala, el 46% visita museos y un 6% es aficionado a la ópera.
 El propio Ministerio de Cultura resalta este perfil cultural del público de toros.

lunes, 30 de noviembre de 2020

TRES SUERTES CON HISTORIA

 

Por Santi Ortiz

    
Ninguna de las tres pertenece a la arqueología taurina, de aquellos
tiempos del paleolítico del toreo a pie, cuando la muleta era un brevísimo y mero auxiliar de la estocada. Ni siquiera de cuando Belmonte comenzó a trocar el papel secundario de la franela roja por el de protagonista. Para saludar su nacimiento, hemos de retroceder sólo hasta la denominada Edad de Plata e incluso pararnos en tiempos más modernos, como ocurre con la última de ellas.

     Ninguna de las tres se roza siquiera con el toreo fundamental, como no sea para abrocharlo y darle realce. En este sentido, pueden calificarse de adornos, pues sirven para dar un aspecto más bello y agradable a la tanda que las ha precedido, ya que las tres pertenecen a la categoría que en la jerga taurina se conoce por “remates”. Son, pues, pases individuales, que no admiten su concatenación en tandas, sino que estallan en su efímero colorido para dar brillo a los instantes que alientan su singular pellizco.

     Dos de ellas poseen genes mexicanos y la otra, españoles. Las tres tienen nombre propio y una particular historia, y, atendiendo a su orden de aparición en las plazas, son: el pase del desdén, el pase de las flores y la arrucina. Gocemos del placer de la charla taurina, hablando un poco de ellas.

    


El pase del desdén
vio la luz primera en la plaza mexicana de El Toreo, el 17 de febrero de 1924, traído por la inspiración de Rodolfo Gaona, en un festejo a beneficio de Juan Anlló, Nacional II, que reaparecía en la arena de la Condesa tras la cornada que le infirió, el día de Reyes, un toro de Piedras Negras en ese mismo ruedo. Nacional II, gozaba de un gran cartel en la capital mexicana y contribuyó a colgar el “No hay billetes”, junto a Gaona y el madrileño Valencia, para lidiar otro encierro de la ganadería que le ocasionó el anterior percance.

     Rodolfo, que estuvo bien en sus dos toros, realizó al cuarto de la tarde –“Revenido”, de nombre y el más terciado del sexteto– la faena más larga vista hasta entonces en México. Exprimido el astado en celo, codicia y bravura, dio lugar al momento que recoge la foto en el que un Gaona relajado y vertical, con un abatimiento de muñeca que se transmite a palillo y tela, deja la muleta fuera de la vista del cornúpeta, que sigue su camino, mientras el diestro azteca parece despreciar el peligro que, por claro y dócil que sea, siempre acompaña al toro.

     Es el primer pase del desdén del que se tiene noticias, siendo muy numerosa la cantidad de intérpretes que, a lo largo del tiempo, la suerte ha tenido. En ella, el torero esconde la muleta de la vista del toro con un rápido, aunque no brusco, toque de muñeca hacia abajo que pone vertical el destaquillador y deja la tela, pegada al muslo izquierdo, alfombrando con parte de su superficie la arena.

     Generalmente, aunque tiene la espectacularidad de transmitir un dominio sobre el burel a fuerza del desprecio que el torero parece mostrar por él al cortar su viaje, pierde categoría al no llevar toreado al toro en ningún momento: se le quita el engaño de la vista y se lo deja pasar. Sin embargo, ejecutado por José Tomás –véase la foto que encabeza el texto– adquiere una dimensión y una profundidad distintas. Todo es porque la Estatua de Galapagar sí lleva toreado al toro, que no pasa, sino que curva su embestida en pos de la tela que se le escapa por debajo del hocico. Concebida casi siempre  como colofón de una tanda de cuatro a seis mayestáticos estatuarios, la impávida quietud del torero, ensimismado, la barbilla hundida en el pecho, el temple en la tela y un estado mental de abstracción como si estuviera orando, me inclinó a bautizar la suerte como “pase del recogimiento”, pues más que desdén es una profunda introversión espiritual la que emana de su figura erguida e inmóvil. En su concepto tomasista, la suerte gana mucho en categoría y en el impacto que produce en los tendidos.

    

Cambiemos de escenario para situarnos en la Feria de Julio de Valencia de 1933. Tercera de las ocho corridas anunciadas. Día de Santiago. Vicente Barrera, Manolo Bienvenida y Victoriano de la Serna, se anuncian para matar un encierro de don Félix Moreno (antes Saltillo).  Tercer toro de la tarde, “Pajadero”, cárdeno, bravo y con mucho celo. La Serna arma un auténtico alboroto toreando a la verónica con su peculiar estilo –la daba de frente, el compás ligeramente abierto, con verticalidad de plantas asentadas y con las manos tan bajas como alto era su temple–. El tercio de quites resulta memorable. Lucidamente, intervienen los tres matadores y La Serna cierra esplendoroso. Cumplimentado el segundo tercio, el diestro castellano –oro viejo y plata– se dirige, montera en mano, hacia una localidad del tendido. La figura del pintor Carlos Ruano Llopis se alza convocada por la montera en brindis. De las manos del genial torero de Sepúlveda pasa ésta a las del afamado artista de Orba. De la emotividad segoviana a la sensibilidad alicantina. De la inspirada heterodoxia de Victoriano a uno de los mejores cartelistas de toros de todos los tiempos. Dos personalidades con el misterio del arte en las entrañas unidas por el hilo invisible de un respeto y admiración recíprocos.

     La faena de muleta alcanza cotas memorables. Tras los ayudados de inicio y los naturales, La Serna se lleva a “Pajadero” a los medios para, al son de la música y con un temple inverosímil, ligar las tandas con la derecha, una de ellas rematada con un personalísimo pase cambiado por la espalda, liándose la muleta y el toro al cuerpo, que hace botar de entusiasmo a los espectadores y a Ruano pergeñar un rápido apunte en su libreta de dibujos. Tiene donde elegir, pero ese pase ha iluminado la mente del maestro y ya concibe la forma de corresponder al brindis del torero. Concluida la lidia, a Victoriano le conceden las orejas y el rabo. La corrida sigue, pero la faena de la tarde ya ha sido realizada.

     Pasa un tiempo. Animado por Juan Silveti y Gaona, Ruano Llopis viaja a México y se queda prendado de la nación azteca, a la que de nuevo viajará en 1934 para establecer en ella su definitiva residencia hasta su muerte. Aprovechando el corto intervalo de estancia en España entre los dos viajes, obsequia a Victoriano con la única pintura que dará nombre a un pase. En él reproduce el pintor aquel cambiado por la espalda que sirvió de remate a una de las tandas de derechazos al toro del brindis. Como puede apreciarse en la foto que acompaña al texto, la serena verticalidad del espada se pasa por detrás al toro de derecha a izquierda, mientras, en la parte superior derecha del cuadro aparece, como objeto decorativo, un manojo de rosas que perfuman la escena desde lo alto. De esas flores y de la notoriedad que adquiere la pintura en los carteles reproducidos por la litografía Ortega, el remate tantas veces ejecutado por La Serna sería bautizado como “pase de las flores” y así se ha quedado hasta la actualidad, aunque lo que hoy habitualmente llamamos pase de las flores es una suerte distinta –sirve de inicio y no de remate, a una serie de derechazos, y el cite es de largo y no en corto como el de Victoriano– a la que algunos denominan “capeína”, en honor de Pedro Moya, Nño de la Capea.

    


Sigamos en Valencia y en julio, pero ahora en 1945. Su feria anuncia nada menos que nueve corridas de toros, a pesar de que Manolete está fuera de circulación desde que un toro en Alicante, a finales de junio, le fracturase la clavícula izquierda sin que pueda regresar a los ruedos hasta primeros de agosto en Vitoria. Veinticuatro horas después de dicho percance, Arruza es corneado en Burgos, con lo que los dos máximos puntales de la temporada dejan huérfanos por un tiempo al toreo obligando a los empresarios a recomponer carteles y hacer juegos malabares para minimizar las pérdidas. Menos mal que Arruza se recupera a tiempo para torear en Valencia, lo que hace en siete de los nueve paseíllos del ciclo ferial. Y no pasa el mexicano por él, precisamente, de puntillas, pues el cómputo de trofeos que arroja su ciclónica andadura por el coso de la calle Xátiva es de quince orejas, tres rabos y dos patas.

     Arruza, torero completo, que banderillea, torea y mata, viene a ser como un contrapunto de Manolete. A la sobriedad del de Córdoba, opone el azteca su espectacularidad; al sosiego, el torbellino; a la seriedad, la simpatía; a la estática, el dinamismo, al cite sin cruzarse de Manuel, Carlos se mete más allá del pitón contrario. Pero todo realizado con la misma verdad, el mismo valor, la misma honradez.

    


También, al escueto repertorio manoletino, opone Arruza la prodigalidad de suertes y adornos que llevan a los públicos al entusiasmo. Los molinetes de rodillas, los pases mirando al tendido, el desplante que él inventara colocando el codo en el testuz del toro y que el público bautizó “el teléfono”, llevan al gentío a un desbordante y angustiado entusiasmo. Igualmente ese muletazo de su invención al que dio nombre –arrucina–, con el que conseguía en los tendidos un frenesí delirante. Si observan la foto que acompaña al párrafo, comprenderán el porqué del alboroto. La imagen pertenece a una de las corridas de la feria valenciana que comentamos y no sabemos qué admirar más si la manera de fundirse el torero con el toro –en la arrucina, al citar por el lado izquierdo del diestro, llevando la muleta por la espalda cogida con la mano derecha, la superficie del engaño que se ofrece al toro es tremendamente pequeña y éste no tiene más remedio que pasar muy cerca, casi atropellando al diestro– o la pericia del fotógrafo para tomar la instantánea en el momento preciso. El autor de la que aquí aparece es Manuel Sanchís, Finezas, hijo del que fuera mozo de espadas de Granero y luego gran fotógrafo del mismo apodo. Dicha foto, que le dio al reportero gráfico dinero y nombradía, robusteció aún más su fama al ser transformada en cartel de toros por obra y gracia de los pinceles de Juan Reus; cartel que fue fijado por vez primera, en Valencia, el día de la alternativa de Julio Pérez, Vito, –1 de septiembre de 1946–, cuyo padrino fue el propio Arruza, siendo testigo de la misma El Choni.

     Ese fue el encumbramiento de una suerte que, realizada como antesala del remate, ha alcanzado con intermitencias los tiempos actuales, donde ha evolucionado, llegándose incluso a dar de rodillas, como la han practicado, entre otros, Alejandro Talavante y Roca Rey.

LUNES DE RADIO


 

jueves, 26 de noviembre de 2020

OBITUARIO

MARTINEZ NAVARRO, ESCRITOR TAURINO


Por Vicente Parra Roldán

Las noticias luctuosas en torno al mundo del toreo onubense se producen con demasiada frecuencia. Ahora, hace escasos días, hemos conocido el fallecimiento del historiador onubense de adopción y melillense de nacimiento Antonio José Martínez Navarro quien, a lo largo de su amplia trayectoria, siempre tuvo muy presente a la tauromaquia onubense.

De Martínez Navarro conocemos tres obras de carácter taurino. La primera de ella, escrita en el año 1.994. se denomina Torería Onubense y en la misma recoge las biografías de más de una treintena de toreros comprovincianos de diferentes épocas así como narra como se produjo la primera víctima mortal en la plaza de toros de Huelva, la del joven Tomás Gutiérrez García “El Caifa”, sucedida en el año 1.916.


Al año siguiente publicó el segundo volumen de su Torería Onubense, en la que recoge las biografías de más de una treintena de toreros onubenses de distintas generaciones, destacando las dedicadas a los miembros de la dinastía Pirfo pues refleja las vivencias profesionales de Mellaíto de Málaga, Francisco y Manuel Leandro Gómez, José Leandro Muñiz y Francisco Leandro Leiva.

La tercera obra taurina que conocemos de Antonio José Martínez Navarro fue escrita en el año 1.997 y lleva por título La dinastía de los Litri en la que hace un profundo análisis de las trayectorias profesionales de Miguel Báez “El Mequi”, Miguel Báez Quintero “Litri I”, José Rodríguez Báez “Litri II”, Manuel Gómez “Manolito Litri”, Miguel Báez Espuny “Litri IV” y Miguel Báez Espínola “Litri V”. Toda la familia Báez estuvo presente en la presentación de esta obra en la que Martínez Navarro va descubriendo a esta saga de toreros onubenses.

Además, en su amplia colección de colaboraciones en la prensa escrita y en programas radiofónicos, Martínez Navarro se refirió mucho al tema taurino pues dedicó muchas horas a estudiar la tauromaquia provincial que, ahora, llora por su fallecimiento, aunque sus obras quedan entre nosotros.

Descanse en paz.

 

Justicia poética

 

“El toreo, precisamente porque es arte, es un continuado misterio”

(Francisco Brines)

POR FRANCISCO MARCH - 

Hace ahora justo un año, cuando aún nos juntábamos, abrazábamos y reíamos a cara descubierta, se presentó en Barcelona la Revista Quites, que reaparecía después de 26 años de silencio. En Quites entre Sol y Sombra, allá por los 80 y 90, de la mano de Carlos Marzal  y otros, entre ellos nada menos que Ramón Gaya, la tauromaquia se aparecía en su máxima y multidisciplinar expresión artística y cultural. Y ahora, en su nueva andadura, reforzada con otro número aparecido esta primavera,  y el periodista Salva Ferrer (que junto a Marzal, Esplá y Toni Gázquez viajaron a Barcelona para la ocasión) al frente, recoge el testigo. En Quites escribió, desde el inicio,  Paco Brines y de él son sendos artículos reproducidos en esta nueva etapa, uno de ellos mano a mano con Luis Francisco Esplá.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

EL PROGRESISMO DE BILDU QUIERE TUMBAR EL TOREO

Por Santi Ortiz


Se autodenominan progresistas, aunque para ello tengan que lavarse a diario la memoria con agua de rosas para disimularle los hedores que les deja el pasado. Son maestros en pasar página y alzan la voz –por su acento los conoceréis– como si no tuvieran nada de qué arrepentirse. Son tan esperpénticos que merecerían se les diera una vueltecita por el madrileño callejón del Gato para que su juego de espejos curvos les mostrara su auténtica imagen. O, simplemente, caricaturizarlos, como le hizo Boadella con su Tabarnia soberana al fatuo independentismo catalán. Yo no soy capaz. En este caso, hay mucha sangre derramada, mucho luto, mucho dolor, mucho silencio, muchas lágrimas, mucho miedo, mucho odio, en las huellas que les preceden, como para frivolizar con befas y epigramas.

Un parlamentario electo por Bildu, y líder de Sortu, Arkaitz Rodríguez, no tuvo problemas en declarar, hará diez días, que Bildu iba a Madrid “para tumbar definitivamente el régimen”. Y a Madrid llegó su portavoz, Mertxe Aizpurua, además de para darle palmaditas en la espalda al Ministro de Cultura, a tumbar en el Congreso de los Diputados, no el régimen, pero sí el toreo.


De su perorata antitaurina –nunca voz, siempre un eco de lo que hemos escuchado una y mil veces hasta la saciedad–, me voy a detener en tres cosas. La primera no merece más que un somero comentario; las otras dos, por el contrario sí son dignas de una respuesta más pormenorizada.

La Unión de Criadores de Toros aboga por una unión histórica de las cinco asociaciones ganaderas

La pandemia del Covid-19 ha provocado la peor crisis del sectordel bravo de la historia debido a la práctica paralización de la temporada 2020, que ha ocasionado unas pérdidas que superan los 110 millones de euros.

«Los criadores de bravo están representados por cinco asociaciones ganaderas para la llevanza del Programa de Cría reconocidas por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), lo que nos convierte en el sector ganadero español más atomizado con la consecuente debilidad que eso provoca frente a las distintas administraciones y que redunda en una quintuplicación de los costes: cinco equipos de trabajo y de cinco programas de gestión de Programa de Cría para los ganaderos», dice la UCTL en un comunicado.

Esta crítica situación que se atraviesa en la actualidad obliga necesariamente a un planteamiento responsable y unificador de las mismas. En ese sentido, la Unión de Criadores, «en un ejercicio de compromiso con todo el sector de bravo», propone una solución generosa para todos los criadores de bravo, y, por primera vez en sus 115 años de historia, abre la puerta a todas las ganaderías de todas las asociaciones de raza de lidia reconocidas por el MAPA, a través de una comunicación que se ha enviado esta semana a las cuatro entidades ganaderas».


Los objetivos que se persiguen con esta medida son: establecer una interlocución fuerte y sólida de los ganaderos de bravo frente a las administraciones europea, central y autonómica; suprimir la quintuplicación de costes del mantenimiento de cinco asociaciones, y, en consecuencia, reducir el coste del Programa de Cría para los ganaderos; unificar criterios genéticos de conservación y selección de la raza alineados con la estrategia de Biodiversidad de la Comisión Europea; y desarrollar soluciones comerciales, informáticas y de comunicación que optimicen los servicios que se ofrecen desde esta institución. En definitiva, esta incorporación supondría una importante reducción del costo de cuotas y pagos por servicios para cada uno de los ganaderos.

Asimismo, esta entidad desarrolla una defensa activa en Bruselas debido a la reforma del Reglamento de la PAC, y, además, consciente de la dificultad de la situación, está trabajando en nuevas líneas de financiación a través de proyectos de innovación europeos.


martes, 24 de noviembre de 2020

Un Cervantes muy taurino


El poeta valenciano Francisco Brines,  ha sido distinguido con el Premio Cervantes 2020, uno de los galardones literarios más importantes que se conceden en el mundo, dicen que el equivalente al Nobel de Literatura en lengua castellana, lo que prestigia aun más a la tauromaquia, de la que es un ferviente partidario y defensor, aunque en su obra sólo toca de refilón el tema taurino, siendo uno de sus proyectos no llevados a cabo un tríptico sobre el torero, el toro y el público.

Seguidor de Antonio Ordóñez, admirador de Rafael de Paula y muy amigo de Luis Francisco Esplá, es un gran aficionado a los toros, aunque por su estado de salud y condiciones físicas ya hace un tiempo que no puede acudir a la plaza.

Ganador del Premio Nacional de Poesía, el Adonais o el de las Letras Valencianas -siendo, además, miembro de la Real Academia Española-, ha pertenecido durante años al jurado taurino de la Diputación de Valencia. También colaboró con la revista Quites que edita la corporación provincial valenciana, participó en los actos programados en el llamado Año Ponce para celebrar el vigésimo aniversario de la alternativa del diestro de Chiva y se sumó incondicionalmente a la exposición «Los Toros son Cultura ¡Claro! que sí», para cuyo catálogo escribió que:

 «la fiesta de los toros es el espectáculo más razonado y emocionante que se ha originado y logrado en España. Es la lucha a muerte entre un animal racional (el diestro: que debería aunar valentía, conocimiento y, en los mejores de ellos, arte plástico singularizado) y un animal irracional (el toro: belleza, pujanza constante acometividad) con un resultado siempre de muerte, en un breve y contado transcurso temporal. En el desafío también puede actuar el azar, como ocurre en la vida a menudo. Un espectáculo solo comparable a sí mismo».


 ¡Enhorabuena, maestro!

lunes, 23 de noviembre de 2020


 EL DIAL BLANQUIAZUL CONTINUA CON SU PROGRAMACIÓN TAURINA  SEMANAL.

 LA TERTULIA DEL LUNES VERSARA SOBRE LA FIGURA DEL GRAN SUBALTERNO ONUBENSE MANOLO ROCA QUE LAMENTABLEMENTE FALLECIO RECIENTEMENTE.

LA GIRA DE LA RECONSTRUCCION EN SU TRAMO FINAL , EL COMUNICADO DE LA ASOCIACION DE PRESIDENTES SOBRE EL AFEITADO DE MIURA , LA NUEVA LEY DE EDUCACION Y OTROS TEMAS DE INTERES PARA EL DEBATE  SOBRE LA ACTUALIDAD TAURINA .

DE 20A 21 HORAS EN EL DIAL 101.8 FM.

EN WWW.HISPANIDADRADIO.COM.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Día Universal del Niño

Razones por las que un niño será mejor persona soñando con el toreo que viendo telebasura

En la mayoría de las ocasiones, la educación se convierte en algo tan abstracto e intangible que atiende a la interpretación de cada uno. En el caso que nos ocupa, la tauromaquia, pretendemos analizar y rebatir las bases en las que se se fundamentan los deseos de prohibir el toreo a los niños.El Juli matará a 6 toros para salvar a los niños con cáncer

A los más pequeños, la fiesta de los toros les podrá gustar más o menos, de igual manera que a un adulto. El niño podrá aprender a entender lo que ve, igual que el adulto, y a diferenciar entre el hombre y el animal, y entre el toro y su gato o perro de compañía.

Para denostar la tauromaquia y cuestionar su futuro, se utiliza como arma arrojadiza el veto al menor, al niño, a la clase más débil del engranaje que forma nuestra sociedad. Los argumentos que esgrimen quiénes defienden estas prohibiciones, se basan en imponer su criterio de entender el toreo como "una práctica violenta y sanguinaria", huérfana de otros valores que no sean "ver sufrir a un animal". Evidentemente, defender posiciones opuestas a estos argumentos sobre quien solamente quiera ver la sangre derramada por el animal, se torna cuestión imposible de cualquier debate.

Para quien la defienda y sienta más allá de ver la sangre (a veces del propio hombre), no le quedarán dudas de que esta fiesta es la más culta, siempre admirada por las personalidades más influyentes del mundo de la cultura de todas las generaciones y capaz de parar el tiempo cuando se contemplan pasajes de belleza y emoción tan efímeros como irrepetibles. La barbarie empieza, y termina, en quien pretende comparar la vida de un hombre con la de un animal.