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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Récord de audiencias en Canal Sur


 
La Feria de San Miguel ha vuelto a ser un fenómeno de masas en  Canal Sur tv 

Las tres corridas celebradas en la Real Maestranza de Sevilla han sido lo más visto de su día en la cadena autonómica, con unos registros de audiencia que reflejan el interés que continúa despertando la tauromaquia en la televisión pública, llegando a alcanzar el 1.869.000 de espectadores únicos entre las tres retransmisiones.

La primera tarde, celebrada el viernes 25 de septiembre, contó con José María Manzanares, Alejandro Talavante y Juan Ortega. La retransmisión alcanzó una media de 272.000 espectadores y un 18,1% de cuota de pantalla, además de reunir a 513.000 espectadores únicos, convirtiéndose en lo más visto del día en Canal Sur.

Un día después, el sábado 26 de septiembre, los datos fueron todavía mayores. La corrida de Jandilla con Emilio de Justo, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado en el cartel, registró una media de 326.000 espectadores y un 20,3% de cuota de pantalla. La retransmisión llegó a 699.000 espectadores únicos y volvió a ponerse como el programa más visto del día en la cadena andaluza.

La corrida del domingo 27, que reunió a Morante, Daniel Luque y Borja Jiménez, registró una audiencia media de 329.000 espectadores, con una cuota de pantalla del 18,0%. La retransmisión volvió a situarse como lo más visto del día en Canal Sur, llegando a alcanzar 657.000 espectadores únicos.


martes, 29 de septiembre de 2026

GALARDONES MIRANDISTAS

 


El matador de toros David de Miranda ha sumado  tres importantes reconocimientos a su balance de la temporada 2026. Los fallos de los jurados de diversas entidades y portales taurinos de las provincias de Málaga, Sevilla y Ciudad Real han distinguido al diestro onubense por sus recientes actuaciones en sus respectivos cosos. Los tres galardones concedidos corresponden a las siguientes convocatorias:

-III Trofeo Málaga Taurina:

El portal especializado malagataurina.es ha otorgado al diestro triguereño su premio anual al torero más destacado en las plazas de la provincia de Málaga (excluyendo La Malagueta). El jurado ha valorado sus salidas a hombros en Marbella, donde cortó cuatro orejas a un encierro de El Freixo, y en la Corrida Goyesca de la Real Feria de Agosto de Antequera. El galardón, una obra en cerámica del artista José Luis Pavón, se entregará el próximo 19 de octubre en el Teatro Cervantes de Málaga en el marco de la Gala de la Tauromaquia organizada por la Diputación provincial.

-Premio al Triunfador de la Feria de Écija (Sevilla):

 La Peña Taurina Pepe Luis Vargas, en el año de su cincuenta aniversario, ha designado a David de Miranda como el torero más destacado del festejo celebrado el pasado 20 de septiembre. La entidad ha destacado la entrega del matador en sus tres oponentes, cita en la que obtuvo un balance numérico de seis orejas y dos rabos.

-Triunfador de la Feria de Almodóvar del Campo (Ciudad Real):

El Club Taurino de Almodóvar del Campo ha incluido a David de Miranda en el palmarés oficial de su recien terminada feria taurina, distinguiéndolo como el triunfador del ciclo en el coso de "Las Eras de Marta". La entrega de trofeos tendrá lugar este otoño durante la XXXV Semana Cultural de la localidad.

Tras la confirmación de estos fallos, David de Miranda ha expresado su valoración sobre la concesión de estos tres galardones: "Hay plazas que te marcan y Málaga es una de las que me lo ha dado todo; volver a ser reconocido allí es algo de lo que me siento profundamente orgulloso. Triunfar además en cosos como Écija y Almodóvar del Campo, en tardes tan intensas y rotundas, le da un sentido pleno a todo el sacrificio. Son tres reconocimientos que me llevo en el corazón."

Con este triple reconocimiento, el diestro de Trigueros continúa completando una agenda de compromisos marcada por el respaldo de los jurados y aficionados de los diferentes cosos del mapa taurino nacional.

TV : corridas en directo

 


Tras la celebración de una Feria de San Miguel de Sevilla, que se ha podido ver en abierto a través de Canal Sur, ahora el aficionado espera con entusiasmo las tres retransmisiones de Telemadrid desde la primera plaza del mundo. Una novillada con caballos y dos corridas de toros los días 10, 11 y 12 de octubre.

Canal Sur estará presente los días 4 y 24 de octubre en Ubrique y Los Barrios para emitir dos de los festejos del XXVII Encuentro Andaluz de Escuelas Taurinas, en los que doce novilleros buscarán dar un golpe sobre la mesa en este final de temporada

.Los festejos confirmados por las diferentes televisiones son los siguientes:

  • Sábado, 3 de octubre (18:00h). Ubrique (Cádiz). XXVII Encuentro Andaluz de Escuelas Taurinas – Novillada sin picadores: Erales de «El Torero» para Pablo Sánchez, de la Escuela Municipal de Tauromaquia de Almería; Javi Spinola Rivera, de la Escuela Taurina Tomás Campuzano-Triana; Armando Rojo, de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla; Mario Torres, de la Escuela Comarcal de Tauromaquia de Ubrique; Rojas Ramírez, de la Escuela Cultural de Tauromaquia de Ronda, y Juan Manuel Viruez, de la Escuela Comarcal Taurina de Ubrique – CANAL SUR
  • Sábado, 10 de octubre (17:30h). Madrid. Feria de Otoño – Novillada con picadores: Utreros de Fuente Ymbro, Montealto, Conde de Mayalde, Torrehandilla, Domingo Hernández y Julio de la Puerta para Álvaro Serrano, en solitario – TELEMADRID🗓 Sábado 3 de Octubre de 2026 ⏰️17:45h🇪🇸. 📺 Canal Extremadura. 🏟 Toros desde Zafra (Badajoz). 🐂Corrida de Rejones – Feria de San Miguel – 📜 Toros de Maria Guiomar Cortés de Moura para João Salgueiro, Diego Ventura y Leonardo Hernández.🔗
    • Domingo, 11 de octubre (17:30h). Madrid. Feria de Otoño – Corrida de toros: Toros de Adolfo Martín para Antonio Ferrera y Román, mano a mano – TELEMADRID
    • Lunes, 12 de octubre (17:30h). Madrid. Día de la Hispanidad – Feria de Otoño: Toros de Garcigrande y Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla, Héctor Gutiérrez y Aarón Palacio, que confirma alternativa – TELEMADRID
    • Sábado, 24 de octubre (18:00h). Los Barrios (Cádiz). XXVII Encuentro Andaluz de Escuelas Taurinas – Novillada sin picadores: Erales de Condessa de Sobral para Pablo Hernández, de la Escuela Taurina “Frascuelo” de Granada; Gabriel García, de la Escuela Cultural de Tauromaquia “La Gallosina”; Manuel Troncoso, de la Escuela Taurina “Curro Guillén” de Utrera; Blas Márquez, de la Escuela Taurina de Linares; Juanmi Vidal, de la Escuela Taurina “El Volapié” de Sanlúcar de Barrameda, y Pablo Galván, de la Escuela Taurina de San Fernando – CANAL SUR

lunes, 28 de septiembre de 2026

Razones para un premio


 


Hay orejas que se cortan y orejas que se discuten, y luego están aquellas que, además de cortarse y discutirse, obligan a preguntarse qué es exactamente lo que premia una plaza de toros. La tercera oreja que
Pablo Aguado cortó en la Real Maestranza pertenece a esta última categoría. Gabriel Fernández Rey, presidente del festejo, sacó el pañuelo blanco después de que Aguado hubiera marrado varios intentos con el descabello para acabar con el sexto toro de Jandilla, que no dio facilidad alguna para ello, y casi inmediatamente comenzó la discusión: ¿debía concederse aquella oreja?, ¿puede abrirse la Puerta del Príncipe después de varios fallos con el descabello? Tengo mis razones para pensar que sí.

Pero para entender aquella oreja no podemos empezar por el descabello, hay que empezar por el principio. Pablo Aguado había construido dos monumentos al toreo. No una faena extraordinaria y otra suficiente para completar las tres orejas, sino dos faenas de enorme dimensión, distintas pero nacidas de una misma concepción, esa forma sevillana de hacer extraordinario lo que parece sencillo, de mandar sin violencia, de templar sin afectación, de convertir la naturalidad en belleza. Al tercero lo toreó con una despaciosidad difícil de explicar, con esa aparente facilidad que solamente poseen los elegidos, la plaza terminó entregada, Aguado mató de una estocada y las dos orejas fueron al esportón. Pero quedaba el sexto y Aguado salió sabiendo que necesitaba una oreja para volver a atravesar la Puerta del Príncipe. Podía administrar el triunfo, pero no lo hizo, salió a buscarla y volvió a torear, quizá incluso mejor.

Hubo momentos en los que toro, torero, música y plaza parecieron formar parte de una misma cosa. La Maestranza estaba entregada porque sabía que estaba contemplando algo excepcional, y llegó entonces la hora de matar. Aquí está, a mi juicio, una de las claves fundamentales de toda esta polémica: Pablo Aguado no pinchó, ni dejó media espada, ni estropeó la faena ejecutando defectuosamente la suerte suprema, entró a matar y dejó una gran estocada. Si aquel toro se hubiese echado después de recibirla, dos orejas más habrían ido camino del esportón sin ningún género de dudas. Nadie estaría hoy discutiendo nada, Aguado habría sumado cuatro orejas y habría atravesado la Puerta del Príncipe entre el clamor de Sevilla.


Pero el toro no se echó, hubo que tomar el descabello y Aguado marró varios intentos ante un animal que tampoco dio facilidad alguna para ejecutar la suerte. Los fallos existieron y nadie pretende borrarlos, pero una cosa es estropear con la espada una gran faena y otra muy distinta ejecutar correctamente la suerte de matar, dejar una gran estocada y encontrarse después con que el toro permanece en pie y obliga a utilizar el verduguillo. Esa diferencia no es pequeña, es esencial. Hasta aquel momento la faena era de dos orejas y los fallos con el descabello la penalizaron. Dos orejas se convirtieron en una. No parece precisamente un regalo.

Y entonces llegamos al Reglamento. Se ha repetido que después de tres descabellos no se puede conceder una oreja en Sevilla, pero conviene distinguir entre la tradición, el criterio particular de cada aficionado y lo que realmente establece la norma. El Reglamento Taurino de Andalucía dispone que la primera oreja será concedida por la presidencia cuando exista petición mayoritaria y notoria del público. No existe una regla matemática según la cual un determinado número de descabellos haga desaparecer automáticamente la primera oreja. El toreo no es una hoja de cálculo. Y aquella tarde la petición existió, fue suficientemente clara para que el presidente la apreciara y, además, llegaba después de una faena cuya dimensión nadie podía desconocer.

Conviene detenerse también en quién ocupaba el palco. Gabriel Fernández Rey es un gran presidente, un hombre con muchísima experiencia en una de las plazas más difíciles y comprometidas del mundo y que, a lo largo de una extensa trayectoria, ha demostrado ser justo, equilibrado y nada pródigo a la hora de conceder trofeos. Por ese palco han pasado grandes faenas que no terminaron en oreja, Fernández Rey ha dicho muchas veces que no cuando ha entendido que debía decir que no, ha soportado protestas, ha mantenido sus decisiones y ha demostrado sobradamente que no necesita congraciarse con nadie. No es un presidente que regale nada y, precisamente por eso, su decisión tiene todavía más valor. Quien quiera discutir aquella oreja puede hacerlo, naturalmente, esto es el toreo y probablemente no existiría la Fiesta sin discusión, pero resulta difícil presentar aquel pañuelo blanco como el producto de un arrebato de benevolencia. Fernández Rey sabía perfectamente lo que hacía y sabía también ante qué público lo hacía.

Porque tampoco estamos hablando de una plaza cualquiera, estamos hablando de Sevilla. En los tendidos de la Real Maestranza se sienta una afición formada durante generaciones, aficionados de toda una vida, familias vinculadas al toro, toreros, ganaderos, profesionales, gente que alguna vez se ha puesto delante de una becerra y sabe lo que significa aquello, personas que han visto cientos de corridas y que distinguen perfectamente una faena importante de una simple sucesión de pases. Naturalmente, en una plaza llena hay de todo, turistas, espectadores ocasionales, aficionados recientes y personas con muy distintos grados de conocimiento, como debe ser además, porque una Fiesta que no incorpore nuevos públicos está condenada a empequeñecerse, pero cuando una Maestranza abarrotada se pone en pie y pide mayoritariamente una oreja conviene pensárselo mucho antes de despachar aquella petición como el capricho de un público triunfalista. Sevilla sabía lo que estaba viendo y Gabriel Fernández Rey sabía a quién estaba escuchando.

Y no estaban solamente quienes llenaban los tendidos. La corrida se retransmitía en abierto por Canal Sur y, aunque al escribir estas líneas no dispongamos todavía de la audiencia definitiva de aquella emisión, las retransmisiones taurinas de la cadena reúnen a cientos de miles de espectadores. Había, por tanto, otra inmensa plaza detrás de las pantallas, aficionados de toda la vida, pero también jóvenes, espectadores ocasionales y personas que quizá estaban descubriendo a Pablo Aguado aquella misma tarde. Todos vieron los descabellos, por supuesto, pero todos habían visto antes dos faenas de antología. Reducir todo aquello a los segundos finales sería contar solamente una pequeña parte de lo sucedido.

Y aquí aparece otra cuestión que me parece fundamental para el futuro de la Fiesta: construir afición. Construir afición es también hacer lo que hizo el presidente de la corrida. No se construye afición convirtiendo el palco en una notaría fría donde se suman aciertos y se descuentan descabellos como quien liquida una cuenta, se construye respetando escrupulosamente el Reglamento, pero también comprendiendo lo que está ocurriendo en el ruedo, sintiendo la temperatura de una plaza y sabiendo distinguir entre la benevolencia y la sensibilidad. Rigor no significa insensibilidad y exigencia no significa negar sistemáticamente aquello que el público ha pedido y el torero se ha ganado.

Gabriel Fernández Rey tenía que decidir en unos segundos. Podía refugiarse en la severidad, contar los descabellos y negar el trofeo, y probablemente nadie le habría reprochado falta de rigor. Era, incluso, la decisión más cómoda. Pero había visto lo mismo que Sevilla, dos monumentos al toreo, había visto una gran estocada que, de haberse echado el toro, habría llevado dos orejas más a las manos de Aguado sin ningún género de dudas, había visto cómo después los fallos con el descabello reducían aquel premio de dos orejas a una y, finalmente, tenía delante una plaza puesta en pie reclamando el trofeo.

Sacó el pañuelo y, en mi opinión, acertó. Construir afición no consiste en regalar orejas, consiste en saber cuándo una oreja no es un regalo. Después de todo lo que Pablo Aguado había hecho aquella tarde, Gabriel Fernández Rey no podía negar la Puerta del Príncipe a quien se la había ganado a pulso.

No se la regaló el presidente. Se la había ganado Pablo Aguado. 




Manuel Recio Abad.

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martes, 22 de septiembre de 2026

El triunfalismo


 
El triunfalismo no es bueno en ninguna profesión ni en otras facetas de la vida, pero menos aún lo es en el toreo, y más todavía si se trata de una manifestación falsa e interesada por distintos motivos.

Engañan y perjudican más a la Tauromaquia en general los que cada tarde están viendo la “corrida del siglo” que los que no se amedrentan al señalar los hechos y circunstancias que no les han gustado de cada lidia.

La crítica es la que siempre nos permite corregir errores, mejorar y, por tanto, progresar y apoyar de verdad a nuestro arte legendario, siempre que sea constructiva y no llevada tampoco por oscuros intereses personales, sobre todo los económicos, como ocurre muchas veces en el extremo contrario con los falsos elogios y las hipócritas alabanzas.

Nuestro rito milenario se mantiene desde hace siglos gracias a que aficionados valientes, los que lo aman de verdad, han sido capaces de indicar los errores o fallos que podían corregirse y los que debían cambiarse, sin perder su esencia original, para hacerlo más grande y universal.

Si siempre hubieran imperado los especialistas actuales en pronunciar panegíricos, que en cada corrida califican las faenas que hagan falta como “históricas”, estaríamos todavía a lanzazos contra los toros, por lo que esto habría desaparecido por su falta de consistencia, adaptación y atracción.

Y si damos un salto en la Historia y nos situamos en el inicio del toreo a pie, nunca habríamos podido disfrutar de esa belleza sublime de ver a un hombre, con los pies bien asentados y quietos en el ruedo, llevar, mandar y dirigir muy despacio, cerca y templado, con solo un trapo, al animal más bravo de la Tierra. Es decir, convertir una histórica lucha salvaje entre dos especies en una danza tan excelsa como efímera.

No podemos alabar y ensalzar el toreo despegado, al hilo, con el pico de la muleta, sin cruzarse ni cargar la suerte, o las estocadas y banderillas mal ejecutadas y colocadas, porque ello va en contra de todos los principios y criterios que los dos grandes revolucionarios del toreo, Joselito “El Gallo” y Juan Belmonte, establecieron hace ya más de un siglo.

Y lo hicieron gracias a que observaron y buscaron los defectos y aspectos mejorables de la Tauromaquia anterior. Es decir, porque fueron críticos constructivos. Porque, si no lo hubieran sido, el gran espectáculo actual sobre el albero no sería posible. Y, en principio, fueron criticados e incomprendidos por ello, pero al final se impuso la lógica en cualquier arte y otras disciplinas, que no es otra que defender la mayor verdad y autenticidad posibles.

No podemos apoyar técnicas de toreo que supongan un menor riesgo para el diestro, porque la base de nuestro rito es buscar el mayor peligro posible y superar el miedo que ello supone. Porque ya no es un enfrentamiento, pero sí un encuentro para alcanzar el éxtasis que supone sobrevivir en una situación tan extrema como la que se vive en el albero.

Los toreros son héroes y no magos o actores, que simulan la realidad, sino que se enfrentan a ella de frente y tal como es, sin fuegos de artificio. Cuanto más duro sea este reto voluntario, muchísimo mejor para alcanzar lo que queremos ver los espectadores y aficionados, y lo que desean alcanzar los protagonistas de esta breve e inigualable odisea.

Esto no supone buscar o provocar el suicidio del diestro, sino todo lo contrario. La vida debe resurgir cada tarde del peligro de muerte más inminente y presente.

El toreo es algo similar a desafíos del hombre cada vez más habituales, que antes eran considerados como “locuras”, pero que ahora comparten y aplauden muchos. Entre ellos están, por ejemplo, subir a picos de montaña donde no se nos ha perdido nada y por el camino más difícil, o recorrer cuantos más kilómetros mejor, sin otro interés que superarse a uno mismo.

Son actividades que se han impregnado de la esencia antimaterial y metafísica de la Tauromaquia, porque muchos han comprendido también que no solo de pan vive el ser humano, ni que todo se puede basar en que dos más dos sea cuatro. Los sentimientos también existen.

Como no cortemos este contraproducente y falso triunfalismo, que inunda ahora el mundillo de los toros, perderemos poco a poco y sin pausa el nivel y la magnitud artística y ritual que los festejos taurinos han alcanzado, al lograr convertir la lidia en una danza ceñida entre la vida y la muerte, donde los pitones pasan lo más cerca posible de un cuerpo humano, lo que compone una escena y una secuencia llena de valor y grandiosidad.

Una imagen y unos breves momentos que nos hacen saltar nuestros sentimientos y emociones, hasta hacernos llorar y ponernos la piel de gallina. Gracias a las críticas de nuestros antecesores se acabó con una mera lucha o combate por la supervivencia, que en las circunstancias de la civilización humana de entonces tenía sentido, pero que ya sería absurda e injustificada.

Los críticos en la Tauromaquia no pueden ser otros que quienes la conocen y la aman con honestidad, porque al público en general y a los espectadores ocasionales en las corridas no se les puede exigir que diferencien lo bueno de lo malo para que el toreo progrese, porque no tienen criterio para ello por desconocimiento.

Es el aficionado taurino puro, sin más intereses que su santa devoción, quien debe vigilar para que se cumplan los valores, normas y principios fundamentales de nuestra disciplina artística sin parangón.

Entre ellos tienen que estar todos los presidentes de las plazas, empresarios y profesionales del toro. Es mucha la responsabilidad que tenemos entre todos para mantener la seriedad en nuestro rito milenario, adaptado siempre a los tiempos, porque así es la única forma de consolidar y garantizar el futuro de nuestro arte universal y de continuar con esta maravillosa manifestación humana legendaria.

Así sea.

Por: Antonio Cepedello.

martes, 15 de septiembre de 2026

La corrida concurso; una romántica reliquia

 


Los empresarios, en búsqueda de la novedad, han intentado desde siempre atraer a los diferentes públicos con la presentación de corridas diferentes o especiales. Pero entre ellas las corridas concurso parecen ser una romántica reliquia exclusivamente conservada para los aficionados a los toros más puristas.

Dentro de las diferentes clases de festejos taurinos que se dan en una feria, podemos encontrar frecuentemente a las tradicionales corridas de toros, novilladas, corridas de rejones, festivales, becerradas y las mal entendidas corridas mixtas que juntan en un mismo cartel a rejoneadores y toreros, pues el término ‘mixto’ sólo está bien usado cuando en un mismo festejo se corren novillos y toros, es decir, cuando matadores de toros y novilleros hacen el paseíllo juntos. Sin olvidar los festejos cómico-taurinos o, últimamente, los semi-profesionales concursos de recortadores.

Pero con la intención de conmemorar fechas especiales, realizar algún homenaje o simplemente generar novedad entre el público, los empresarios han tratado de marcar diferencia en festejos puntuales para asegurar un lleno y crear una tradición en torno a ese evento. Es así cómo han nacido las corridas Goyescas, Pinzonianas y las Picassianas entre otras. El fondo del festejo es realmente el mismo de las corridas ordinarias, sólo cambia el traje con el que se visten los toreros, la decoración de la plaza, la pompa de los paseíllos y, en algunos casos, se pueden realizar algunas suertes caídas ahora en desuso.

El último intento por crear un evento taurino realmente especial y diferente lo hizo el dramaturgo catalán Salvador Távora, el 19 de marzo del 2006 en la plaza de toros de Espartinas. Se llamó la «Corrida Moderna», y sólo se realizó en aquella ocasión. Era un híbrido en el que los picadores fueron reemplazados por rejoneadores, el paseíllo se realizaba entre flores y sobre una tela blanca, los pasodobles dejaban espacio a otros géneros musicales, y los forçados portugueses y los recortadores españoles también tenían su sitio, entre muchos otros cambios. El ensayo no gustó a nadie… ya sabemos lo reacios que somos los taurinos al cambio, y más cuando se quieren hacer todos de un solo golpe, sin su debida evolución.

Pero dentro de todos estos tipos de celebraciones taurinas hay una que marca diferencia por su sentido: La corrida concurso de ganaderías. Buscar en la historia el inicio de esta práctica nos lleva a los días en que cada empresario escogía los toros mejor rematados en la finca donde se acogían las ganaderías para las ferias, sin importar el hierro de procedencia. De tal manera que una tarde podía salir indistintamente cada toro de una ganadería diferente. Para entonces, el mayor prestigio para un ganadero era que se lidiara una corrida suya completa.

Pero el establecimiento de la competencia anunciada en un cartel no está muy claro. Lo que sí está definido es la época de su auge. Fue a mediados del siglo pasado, cuando comenzaron a proliferar en todo el territorio español los festejos en los que se medía con especial rigor el comportamiento de cada toro y se premiaba al ganadero que llevara al ejemplar mejor calificado. La tradicional corrida goyesca de Ronda, que se celebró por primera vez en septiembre de 1954, comenzó siendo también una corrida concurso hasta su edición del 10 de septiembre de 1959.

Las corridas concurso más reconocidas en toda España por su seriedad, categoría y tradición son las que se han realizado en Jerez de la Frontera. Surgieron el 11 de septiembre de 1955 por iniciativa del entonces alcalde de la ciudad, ganadero y rejoneador D. Álvaro Domecq y Díez. Zaragoza es otra plaza en que se han dado muchas tardes de retos toristas.

Las novedades que en ella se instauraron, como una tercera raya de cal más hacia el centro del anillo desde donde se debía colocar al toro por primera vez al caballo, la obligación de hacer la suerte de varas al menos tres veces y la posibilidad de usar el regatón del palo para las siguientes acometidas del astado al caballo. Unidos al estricto otorgamiento de los indultos y los parámetros de calificación, se copiaron y se asumieron como regla en los demás concursos de ganaderías que se realizaron por todo el territorio español. Todo esto hizo de esta corrida, no solo un evento singular, sino que además la dotaron de una importancia en cuanto a que los aficionados más reconocidos a los toros la tenían como una cita obligada en su calendario. Por esta razón las corridas concurso han sido catalogadas, por algunos, como el último resguardo de afición pura y también la más verdadera de las expresiones de bravura del animal, por cuanto los ejemplares en ellas lidiados, son de mejor reata y presentación.

No en vano, el único indulto realizado en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid ha sido en una de estas corridas concurso, precisamente el 19 de julio de 1982, cuando el toro «Velador», de Victorino Martín, se hizo merecedor de tal honor, luego de la lidia que le dio el diestro cartagenero Ortega Cano.

lunes, 14 de septiembre de 2026

100% abonable ,récord histórico en Las Ventas


 
Plaza 1 ha conseguido un hito histórico e inédito en la gestión  de Las Ventas al vender el 100% del cupo máximo de abonos permitidos por la Ley para la próxima Feria de Otoño, alcanzando la cifra exacta de 21.816 abonados.

Este logro supone haber agotado por completo el cupo de abonos que la legislación taurina y los pliegos de condiciones autorizan comercializar en el coso madrileño. En una plaza con un aforo legalmente establecido que ronda las 22.964 localidades, la normativa obliga estrictamente a reservar un 5% del aforo total de cada festejo para su venta directa en las taquillas el mismo día de la corrida, por lo que llegar a los 21.816 abonos significa que la empresa ha colgado el cartel de «agotado» en el tramo de abonos de forma anticipada antes del comienzo del ciclo.

Este dato supone una auténtica proeza y una demostración incontestable del dinamismo y la excelente salud que atraviesa la afición taurina en Madrid. Alcanzar este techo es un logro sin precedentes que hasta la fecha , consolidando un crecimiento sostenido del número de abonados en las últimas temporadas. A través de este resultado, la Feria de Otoño reafirma su estatus como un acontecimiento de máxima relevancia social y cultural, donde la masiva respuesta del público garantiza un ambiente formidable tarde tras tarde y obliga a que la masa de espectadores no abonados tenga que competir exclusivamente por ese 5% diario de entradas impuesto por Ley. En definitiva, certificar el 100% de los abonos posibles refrenda el éxito del modelo de gestión, rejuvenece y fideliza la masa social de Las Ventas y transforma cada jornada del serial otoñal en un evento de expectación absoluta.