Sentido homenaje al gran diestro de Gines, Manolo Cortés en el cincuenta aniversario de su alternativa ( Valencia , 14 de marzo de 1968) .
Lamentablemente Manolo falleció recientemente , pero su huella sigue latente con fuerza entre nosotros.
Acierta la peña onubense de Zufre en rendir tributo a tan gran personaje taurino.
Calificado por todos como " torero de toreros "que mantuvo el crédito y la admiración de los profesionales y aficionados a pesar de los altibajos de su larga trayectoria.
La carrera de Manolo Cortés, con algunas intermitencias, se prolongó desde sus inicios hasta finales de la década de los 90 del pasado siglo XX.
A partir de entonces su figura adquiere prestigio como preparador y entrenador de toreros.
Cartel de interes para el aficionado .
Recordamos a continuación su trayectoria. Destaca por ser el segundo torero con más paseillos en La Maestranza ( 51 ), igualado con Espartaco y sólo superado por Curro Romero
MANOLO CORTÉS.
-11 de junio de 1949 / 25 de Marzo de 2016.( 67 años ).
Torero de estirpe gitana, dotado del pellizco y el duende que suelen adornar a los espadas de su raza, constituye, al mismo tiempo, un paradójico y aleccionador ejemplo del magnífico rendimiento que la gracia y el arte pueden ofrecer en la lidia del ganado más bronco y áspero. Y es que, en efecto, "Manolo Cortés" no se ha dejado arrastrar por la indolencia y el desánimo -cuando no, directamente, el miedo- que invaden a otros toreros artistas a la hora de enfrentarse con las reses de mayor casta y bravura, y ha demostrado que no son en modo algunos incompatibles -salvo para quienes no andan sobrados de redaños- la composición plástica de la figura y el valor necesario para ponerse ante la cara del toro-toro.
Prueba de esta concepción ecléctica del toreo es su inclusión en numerosos carteles de las denominadas "corridas duras", así como su condición de tentador de reses en la legendaria ganadería de Miura.
Así, alentado por una precoz afición, contó con el apoyo y la amistad de algunas figuras señeras de los circuitos taurinos profesionales (como el propio Eduardo Miura, quien le abrió desde joven las puertas de su finca) y dio inicio a una áspera andadura novilleril que, en un principio, sólo le permitió intervenir en la parte seria de un espectáculo cómico-taurino.
A pesar de la modestia de estas funciones, el jovencísimo Manolo Cortés gustó por sus actuaciones vestido de corto, por lo que pronto le llegaron ofertas para enfundarse el terno de alamares. Así las cosas, el día 8 de septiembre de 1965 lució su primer traje de luces en la pequeña plaza de Santisteban del Puerto (Jaén), donde, en compañía del novillero Antonio Millán ("Carnicerito de Úbeda"), se enfrentó con reses procedentes de la vacada de Fuentelespino.
Al año siguiente (concretamente, el día 10 de septiembre de 1966), consiguió debutar en una novillada asistida por el concurso de los varilargueros, verificada en el coso onubense de Cortegana con novillos criados en las dehesas de Ana Peña. Dio inicio, así, a un brillante período de actuaciones en novilladas picadas que, durante la campaña de 1967, le permitió realizar veinticinco paseillos.


Alentado por este buen comienzo en su carrera como matador de toros, unos meses más tarde, en pleno ciclo isidril, el diestro sevillano compareció, por fin, ante la primera afición del mundo, dispuesto a confirmar la validez de su doctorado en Tauromaquia. Venía, a la sazón, apadrinado por el citado Antonio Ordóñez, quien le facultó para dar lidia y muerte a estoque a Andador, un toro negro zaíno, de quinientos cuarenta y ocho kilos de peso, que había pastado en las dehesas de Murube. Corría, a la sazón, el día 14 de mayo de 1968, fecha en la que hizo también el paseíllo, en calidad de testigo, el coletudo murciano Miguel Mateo Salcedo("Miguelín").
El mal juego brindado por las reses que se corrieron aquella tarde no permitió el lucimiento del espada de Ginés, lo que no fue obstáculo para que Manolo Cortés recibiera, a lo largo de aquella su primera temporada como matador de toros, cuarenta y cuatro ofertas para vestirse de luces. En su segunda intervención en la Feria de San Isidro de aquel año, lidió primorosamente al toro Inglés, adornado con la señal de don Antonio Pérez de San Fernando.
Sus primeros triunfos clamorosos en una plaza importante tuvieron lugar al año siguiente en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde, tras sus actuaciones verificadas los días 15 y 16 de abril, llenó su esportón con cinco apéndices auriculares, para convertirse en el triunfador del ciclo ferial de aquel año de 1969. Fruto de estos triunfos, llovieron los contratos en el despacho de su apoderado, y el diestro gitano puso fin a dicha campaña después de haber realizado cincuenta paseíllos.

Pero, como ya se ha indicado más arriba, su sabia aplicación del embrujo gitano a los cornúpetas procedentes de las vacadas más serias le salvó de caer en los profundos baches que jalonan penosamente las trayectorias de otros "toreros artistas".
Así, después de haber descendido de forma alarmante hasta las quince corridas lidiadas en 1971, en la campaña de 1972 volvió a resurgir con fuerza merced a un memorable éxito cosechado de nuevo en el albero sevillano, donde, el día 17 de abril, desorejó a un astado perteneciente a la ganadería de don Samuel Flores. A la conclusión de aquel ciclo ferial, los jurados de casi todos los certámenes estimaron que la mejor faena de la Feria de Abril había sido la realizada por Manolo Cortés, reconocimiento que le valió para firmar cincuenta y un ajustes a lo largo de aquella temporada.
En medio de los habituales altibajos que van pautando las trayectorias de los toreros de su estirpe, en 1973 se vistió de luces en treinta y tres ocasiones, para pasar a intervenir en veinticinco funciones de toros durante la campaña de 1974, cifra que repitió en la temporada siguiente.

Aquel año toreó en Madrid la corrida extraordinaria de la Prensa, en la que no se anunciaba desde 1968, y a la que volvió en 1981 y 1982. Y dictó de nuevo una lección magistral de torería en la Monumental de Las Ventas en septiembre de 1984, lo que le valió su inclusión en uno de los primeros carteles madrileños de la temporada siguiente.

Pero otro desfallecimiento en su carrera volvió a situarle en los puestos más bajos del escalafón en 1986, año en el que sólo se enfundó la taleguilla en tres ocasiones.

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