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miércoles, 20 de enero de 2021

El toro, por los cuernos

Seis taurinos analizan los efectos del virus y diseñan la tauromaquia de 2021

La pandemia ha desnudado la fiesta, desunida y necesitada de un proyecto de renovación

 


La pandemia ha agravado todas las debilidades de la tauromaquia, tales como la desunión, el individualismo, el desprecio al aficionado, la ausencia de planificación y autocrítica…, y la temporada de 2021 se presenta compleja y decisiva, como una incógnita que debe resolverse con renovación y un objetivo prioritario: las principales plazas deben abrir sus puertas y ofrecer festejos taurinos.

Estas son algunas de las impresiones que han expresado seis taurinos (aficionados) consultados por este blog. Son dos mujeres, Araceli Guillaume-Alonso, catedrática emérita de Historia de España, y Anabel Álvarez, presidenta de la plaza de toros de Granada, y cuatro hombres: Juan Antonio Carrillo, profesor de Derecho y abogado; Jorge Fajardo, presidente de la Unión de Federaciones Taurinas de Aficionados de España; Fran Pérez, codirector de la revista taurina El Muletazo, y Gonzalo Santonja, catedrático de la Universidad Complutense.

Todos ellos han respondido a dos cuestiones: ¿Qué lección ha ofrecido la pandemia al mundo de los toros?, y ¿Cuáles son las perspectivas taurinas para 2021?

He aquí sus reflexiones, teñidas de enorme preocupación y realismo, y también de esperanza.

“La tauromaquia ha sobrevivido a muchas crisis de la historia por su capacidad para adaptarse a la sociedad, a evolucionar con ella”, afirma la bilbaína Araceli Guillaume-Alonso.


Jorge Fajardo opina que
“la pandemia ha puesto en evidencia una falta de cohesión y planificación del sector para plantear un proyecto sólido, y ha ofrecido una sensación de debilidad ante un Gobierno del que solo ha recibido largas cambiadas”.
Esta aficionada, que vive entre París y Sanlúcar de Barrameda y fue pregonera de la Feria de Abril en 2017, añade que en el sector taurino “faltan unidad y deseos de cambiar unas estructuras demasiado conservadoras, a menudo arcaicas, y que los intentos de hacerlo chocan contra una reacción insolidaria -¿envidiosa?- sin que el aficionado pueda hacer gran cosa en un sentido u otro”.

“Es imprescindible la unidad del sector para hacer frente a las dificultades externas que se han presentado y se presentarán”, recalca Anabel Álvarez, quien hace hincapié en que “la afición -el público- ha estado una vez más a la altura de las circunstancias, porque pese a las dificultades económicas y a las restricciones sanitarias ha acudido a la plazas en las que se han celebrado festejos”, y destaca “el impagable trabajo que ha realizado la Fundación del Toro de Lidia para que el año no transcurriera en blanco, lo que habría abierto una brecha aún mayor entre la sociedad y la tauromaquia”.

Fran Pérez, murciano de Lorca y activo aficionado en las redes
(@frantrapiotoros), considera que

“el sector vivía en una burbuja; no pensaba en el futuro pese a que desde varios sectores de la afición se le hacía ver que la fiesta se asomaba al precipicio”. “La crítica constructiva no iba con los taurinos”, añade, “pero llegó la pandemia y les puso los pies en la tierra: era verdad que la fiesta de los toros se podía acabar”. “Ahora ha sido el coronavirus”, concluye, “hay una segunda oportunidad, pero ¿y si llega una ley de prohibición de la fiesta?”.

El salmantino Gonzalo Santonja, escritor y crítico literario, va más allá del mundo de los toros, y afirma que el virus nos ha enseñado que “somos muy frágiles,
que cualquier realidad humana carece de consistencia frente a los demonios desatados de una pandemia de laboratorio”. “Ahora mismo”, prosigue, “como escribió Pedro Salinas, ‘tenemos la vida en suspenso, todo en el aire’, y sería necesaria una respuesta global que pusiera coto al desarrollismo incontrolado que nos ha conducido hasta aquí”.


Finaliza la ronda el sevillano Juan Antonio Carrillo, reconocido jurista y


comprometido aficionado, que hace la siguiente reflexión:
“Creo que la pandemia ha acelerado y agravado las debilidades de la tauromaquia. Es sintomático que se haya apoyado con medidas compensatorias durante la pandemia a la generalidad de los trabajadores y empresas de la industria cultural, y se haya rechazado hacerlo respecto de la tauromaquia. Se trata de una implícita (cuando no expresa) negación del carácter cultural de la fiesta de los toros”. “Pudiera decirse”, continua, “que la posición del Tribunal Constitucional en defensa de la tauromaquia como manifestación cultural no ha calado en el Ejecutivo”. “Lo que para el Derecho, a día de hoy, es cultura, no lo es para la mayoría parlamentaria”, dice Carrillo, “y desde luego, se ha convertido en una materia políticamente incorrecta, lo que precariza enormemente la condición legal de la fiesta como patrimonio cultural inmaterial, que desgraciadamente corre un grave riesgo de ser una condición revocada”.

¿Cuáles son las perspectivas para la temporada de 2021? Esta era la segunda cuestión planteada a los aficionados.

El propio Carrillo, desde su visión jurídica de la fiesta, señala que “el único camino que vislumbro para mantener la tauromaquia en España es tomar conciencia desde dentro de que somos una minoría cultural muy cuestionada, y defender nuestro derecho frente a la abolición desde esa posición, la del derecho de las minorías. Jurídicamente es un punto de partida mucho más sólido que la pretensión de expandir la declaración de bien cultural inmaterial desde las leyes nacionales o desde la UNESCO, que jamás reconocerá a la tauromaquia como tal”.

“El futuro es una gran incógnita, pero me gustaría imaginar que la experiencia traumática de este año pueda servir para modernizar mentes y usos”, apunta Araceli Guillaume. “No hay que mirar para atrás; y debemos mantenernos más firmes que nunca en nuestra afición, sin complejos ni victimismos”.



“Soy optimista, aunque va ser una temporada compleja, y también creo que decisiva para la tauromaquia”
, opina la presidenta de la plaza de toros de Granada, Anabel Álvarez.
Jorge Fajardo, por su parte, plantea lo que llama “una seria renovación” que apueste por el apoyo al toreo de base y renueve el longevo escalafón; fomente las novilladas, persiga la integridad del toro y, “por supuesto, cuente con la opinión de la afición”. “Vienen tiempos difíciles”, finaliza, “pero está en manos de los estamentos taurinos la continuidad de esta grandiosa fiesta”.

Se muestra como una ferviente partidaria de organizar festejos taurinos, “y que todos los protagonistas se comprometan con un objetivo por encima de sus propios intereses”.





“O se afrontan con decisión cuestiones inaplazables o no habrá futuro”, sostiene Gonzalo Santonja. A su juico, “las plazas no pueden seguir cerradas (y menos aún las de referencia), las administraciones públicas tienen que renunciar a pliegos inasumibles, algunos empresarios hablan más que hacen (y, encima, expedientan al que hace), los toreros de la parte alta del escalafón deberían de medirse en el ejemplo de Ponce, y es imprescindible que las cuadrillas adapten sus pretensiones a una realidad menguante”. “Veo el año entre la esperanza desesperada y la incertidumbre”, concluye.

Coincide, finalmente, Fran Pérez en que es fundamental reactivar la fiesta, que las grandes plazas vuelvan a ofrecer toros y ofrezcan novedades. “Si algo nos ha enseñado 2020”, insiste, “es que hay toreros llamados a renovar al escalafón ‘vintage’ actual -ahí están los casos de Juan Ortega o Gómez del Pilar, por ejemplo-, y, además, es necesario resucitar la fiesta en los pueblos, con espectáculos acordes al nivel de sus plazas”.

El aficionado murciano aboga, asimismo, por que los precios de las localidades sean razonables y que la fiesta vuelva “moderadamente” a la televisión en abierto.


“Lamentablemente, confío poco en el sector taurino”
, termina, “y por lo que estamos conociendo, parece que habrá pocos cambios. Ahí está el ejemplo de la plaza de Granada: le han concedido la explotación a una familia poderosa de ganaderos y empresarios que hace pocos años fueron multados porque afeitaron los toros que se lidiaron en esa misma plaza”.

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