El 1 de agosto de 1.968, Pablo Gómez Terrón se convirtió en matador de toros.

El triguereño puso de manifiesto sus cualidades toreras: valor, entrega, fe y arte además de su enorme caudal artístico.

El que cerró plaza, un animal aplomadísimo y que se defendió, Pablo Gómez Terrón lo toreó con la zurda, el lado menos malo del animal, y logró algunos naturales espléndidos a los que puso remate con ajustados y largos pases de pecho. Fue cogido y se levantó decidido para seguir en la misma línea. Mató de un pinchazo, resistiéndose de una clavícula, y una estocada, concediéndole la presidencia otra oreja.
Cuando Terrón había matado al último de la tarde, el padrino de la ceremonia y director de lidia Dámaso Gómez, se acercó al triguereño para ver si se encontraba lesionado ya que del revolcón sufrido había salido con la taleguilla rota. Terrón le dio un manotazo a la vez que rehuía el examen; luego quiso rectificar y encontró igual disposición en el madrileño, por lo que Terrón quiso pegar a Dámaso Gómez y saltar la barrera para hacer lo mismo con el apoderado del madrileño que le había afeado su conducta.
Solventada la cuestión, el triguereño paseó el anillo y exhibió su oreja, entrando en la enfermería donde se le apreció fractura de la clavícula derecha, siendo calificado su estado como reservado.
Por Vicente Parra Roldán .
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