
Es decir a López Simón, Roca Rey y, en menor medida, José Garrido.
No nos debe sorprender – las revoluciones en el toreo se ven en raras ocasiones. El escalafón se genera poco a poco, durante varias temporadas.
Así pues, los carteles de tronío los ocuparon las figuras de siempre, Ponce, Morante, El Juli, Castella, Manzanares, Perera y Talavante. Los viejos rockeros siguieron a su ritmo. Sin embargo, entre la vieja guardia, hubo dos toreros que marcaron la diferencia: Enrique Ponce y Alejandro Talavante.
¿Qué que se puede escribir de Ponce que ya no se haya dicho? Poco.
En El Pilar su espada de hojalata se empeñó de quitarle el rabo que su toreo mereció, pero el faenón ahí queda para la historia.
El otro nombre propio de la temporada ha sido Alejandro Talavante, el indiscutible triunfador del año. Alejandro es un torero de fantasía.
Tiene una mano izquierda de goma y una capacidad para la improvisación deslumbrante.
Además, su lado creativo impregna a sus faenas con un halo de misticismo distinto. Al igual Roca Rey, basa parte de su toreo accesorio en los pases por la espalda, pero en Talavante estos tiene un porque, le dan un toque de distinción a sus trasteos.
Ha sido el torero que mejor ha toreado esta temporada, y que más faenas ha dejado para el recuerdo. Por ello creo que es el triunfador.
John Gordon, Club Taurino de Londres
John Gordon, Club Taurino de Londres
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