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viernes, 2 de agosto de 2019

HONORES A UN GANADERO


Por Santi Ortiz

     Una corrida no puede empañar una historia. Lo vimos en Madrid por San Isidro, porque el mal juego de los toros de Cuadri fue sólo una anécdota comparada con la verdad que reflejaba aquella pancarta agradecida, que quería hacer justicia a la trayectoria de una casa ganadera que, durante más de sesenta años, ha mostrado una afición, una honradez, una humildad compatible con el mejor de los señoríos y una coherencia en sus criterios ganaderos, muy difíciles de igualar.

     En Huelva, tenía ayer Fernando Cuadri otra baza complicada que jugar, por aquello de lo difícil que es lograr ser profeta en tu tierra. Era tarde de despedida, no del hierro, pero sí de Fernando, que siente por las venas de su inteligencia cada embestida, cada bravura, cada renuncia, cada paso atrás, cada galope adelante y esa nobleza encastada que, como un tesoro, busca en cada uno de sus toros.

     Ya lo hemos señalado. Independientemente del resultado de esta corrida, la divisa tricolor del ganadero de Trigueros seguiría ocupando el destacado sitial que se ha ganado a pulso. Pero esta vez, por fortuna, la corrida no decepcionó a nadie. No fue completa, esa es la verdad; sin embargo, si de seis salen tres nobles, bravos y toreables –meto en el trío al colorado primero, que El Cid no dejó ver del todo– y uno de ellos se hace merecedor del unánime premio de la vuelta al ruedo, no hay duda de que las emociones de Fernando discurrirían por los cauces de la satisfacción, aunque estoy seguro –conociéndole como le conozco– que no colmarían el listón de sus exigencias.


     “Rebaja”, número 46, de 568 kilos y negro zaíno de capa, lidiado en cuarto lugar, fue un astado ideal para el torero. Un toro que sacó de El Cid esa mano izquierda al natural que hacía mucho tiempo que no le veíamos; que con su forma de embestir, larga, templada, noble, acudiendo de primera a todos los toques de Manuel Jesús, pero dejando siempre reponer al torero, inspiró al diestro de Salteras para que paladeara el toreo al natural como hace mucho tiempo que no hacía.

     Toro para el torero y para el ganadero, pues lo dejaron larguito en el caballo y acudió pronto y con un galope inconfundible de bravo. Tuvo, como hemos señalado, nobleza, pero no como el toro tonto, ese que odia Fernando, sino con una casta que le dio sobrada duración para aguantar una extensa faena de muleta y acabar con el mismo largo recorrido que en las primeras tandas.
 Toro pues de vuelta al ruedo indiscutible.
 Toro para detenerse en la memoria del tiempo y engrosar con su nombre el cuadro de honor de la vacada.
 Toro para dar por bueno los carbones quemantes de los desengaños. 
Toro para seguir horadando con agua de esperanza la dura piedra de la realidad.
 Toro para continuar adelante perseverando en el camino emprendido.
 Toro para guitarras y fogatas en el campo profundo de la noche.
 Toro para recordar por fandangos con la voz rota de la amanecida.


     Te doy mi enhorabuena, Fernando, por ese trofeo conseguido en el prólogo que te hace depositario de una carabela de plata, estandarte de las “Colombinas de honor”. Premio, como todos los que te llegan, sobradamente merecido.
 Pero más aún quiero felicitarte –otro honor especial– por ese “Rebaja” que, con su juego, te habrá vuelto más vivo el brillo de tus ojos. El paso al lado ya está dado, pero quiero seguir viéndote intranquilo: con el sosiego y el temple del que va de paso, pero intranquilo en el sentido de estar ojo avizor para que las manos que guían las riendas que tú les has dado no se desvíen del surco de historia que guarda “Comeuñas”.
 Decir intranquilo es decir inquieto: con inquietudes; es decir con las alforjas llenas de sueños y esperanzas. Porque más allá de la vida, Fernando, como le ocurrió a tu padre y a tus hermanos, tu afición seguirá cabalgando, estudiando los libros de ganadería y experimentando en la encalada soledad del campo, ese toro del futuro que habrá de honrar todavía más la “H” de vuestro hierro y las cintas morada, amarilla y blanca de vuestra acrisolada divisa.

     ¡Ojalá la Fortuna se enamore de ti!

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