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jueves, 22 de agosto de 2019

SIN ROCA NO HAY PARAÍSO


Por Barquerito
Toros de Victoriano del Río para Antonio Ferrera, El Juli y Manzanares
Era cartel de tres generaciones: Ferrera, Manzanares y Roca Rey. 
El gancho era Roca Rey. En un torero el gancho es como el duende. Se tiene o no. El duende es menos rentable que el tirón en la taquilla. Roca Rey, en su cuarto año de alternativa, conserva vivo el fuego de la emoción.
 La emoción es el tirón.

La gente quiere verlo. La intriga, la propia de quien arriesga y asusta. No es fácil cruzar la barrera del sonido, que en toros quiere decir romper con el ambiente y volcarlo. De todo eso, de llenar la plaza de toros que sea, se ha encargado el joven torero peruano. De romper con los moldes sin ser un torero heterodoxo. De pegarle una sacudida al tinglado taurino, tan convencional. De volver a llevar a los toros a gente que había desertado.
Como todo torero arrollador, Roca se encontró reticencias. Ya menos.
 La verdad del riesgo es en el toreo la auténtica pureza de fondo.
 ¿Las formas? Las formas no dejan de ser fórmulas. Los toreros de inteligencia lo son de natura.
 Como los de arte, que ya no quedan. 
Puede decirse, con rimbombante acento, que la última revolución se llama Andrés Roca Rey.
Peruano de buena familia, vocación irrenunciable desde la niñez.
Resultado de imagen de roca reyLa temporada taurina de primer y segundo rango estaba montada este año en torno a él. Las corridas televisadas de Valencia, Sevilla y Madrid le dieron todavía más poderes de los que tenía. Dos tardes en Bilbao, las que él quisiera. El abono todo aprovecharía el tirón.
Y así todo hasta que parece que en una pelea en Perú le partieron un tendón. No hay versión oficial, Eso fue en junio.
 Hubo que cancelar todos los compromisos de junio, julio y agosto, con la sola excepción de uno de los dos de Pamplona. Y vino el gran vacío. 
El desencanto tan visible en el arranque en las Corridas Generales

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