Las dos primeras novilladas de Fallas nos han servido para constatar que la continuidad de la Fiesta está asegurada, y que si la renovación no va más aprisa es por el corsé económico-impositivo que estrangula las novilladas, pero también por el conservadurismo -que viene de conservar duros- de muchas empresas. Román, Beltrán, Expósito, Posada de Maravillas, Álvaro Lorenzo y Cristian Climent han demostrado que, a poco que se les vaya dando oportunidad de vestirse de luces, van a crecer muy deprisa como la buena siembra.
Además, por tierras andaluzas navegan viento en popa a toda vela Lama de Góngora y unos cuantos más, y por las llanuras manchegas anda un Filiberto, que a poco que le dé el sol en las hombreras del traje de luces va a reventar en éxitos capaces de conducirlo a la alternativa. Vamos, que aquí hay toreros.
Tiene algo el joven novillero que despierta el interés del aficionado desde el primer momento que pisa la arena. ¿Personalidad, convicción o desparpajo? Quizás las tres cosas juntas, que hacen atractivo su deambular por el ruedo.
Que las empresas, en vez de quejarse de lo difícil que está dar novilladas, hagan lo que ha hecho en estas Fallas Simón Casas; echar la moneda al aire y pensar más en el mañana que en el “pronto y en la mano”, como decía Antoñete a la hora de la muleta. Tres novilladas tres para abrir boca en una de las ferias de Fallas más completas de los últimos veinte o treinta años.
¿Qué quieren ustedes, que el Espíritu Santo les ponga en la mano la renovación del escalafón sin arriesgar un euro?
Arriesguen señores, arriesguen, que al fin y al cabo si el grifo deja de manar agua serán ustedes los que se tendrán que dedicar al secano.
Y no se olviden: AQUÍ HAY TOREROS. Pero ustedes tienen que poner algo para sacarlos a flote.
.Por Paco Mora
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