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sábado, 12 de septiembre de 2026

TV OTOÑAL

 Las cámaras de televisión de Telemadrid estarán presentes en la Feria de Otoño de Madrid. La cadena autonómica madrileña ofrecerá en directo los tres últimos festejos programados en Las Ventas.

Serán el sábado 10, el domingo 11 y el lunes 12 de octubre. El primero de los días hay programada una novillada con reses de Fuente Ymbro, Montealto, Conde de Mayalde, Torrehandilla, Domingo Hernández y Julio de la Puerta para Álvaro Serrano, como único espada. Al día siguiente se celebrará el mano a mano entre Antonio Ferrera y Román con toros de Adolfo Martín.

El plato fuerte será el 12 de octubre, día de la Hispanidad, cuando Telemadrid ofrezca el regreso a Las Ventas de Morante de la Puebla junto a Héctor Gutiérrez y Aarón Palacio, que confirma alternativa, y toros de Garcigrande y Núñez del Cuvillo.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

CARTELÓN EN CORTEGANA

 


Este domingo el bello coso serrano onubense albergará un evento taurino de gran nivel.  Por la mañana tendrá lugar el  tradicional acto del "manifiesto" donde se exhibirán las reses a lidiar, desembarcando desde el camión , pasándolos al ruedo con toda su pujanza y luego al chiquero en espera a que de comienzo el festejo.Es recomendable asistir a Cortegana matinalmente para ver a los toros, su morfología, sus diferentes capas , el trapio bravo recien traido del campo.Recrearse en tan bello animal y elucubrar su juego sobre la arena en cuanto suene el clarín.

 Tres buenos hierros componen la corrida, dos reses de cada ganadería que son : Villamarta, Murube y Castillo de Huebra.Tres interesantes líneas de sangre brava ,en momento tan dulce que ilusionan verlos embestir engalanando su estirpe. 

Y tres diestros extraordinarios. Abre plaza el riojano Diego Urdiales ,maestro de culto cuya torería es un compendio de los cánones del arte de Cúchares.Difícilmente se le ve por escenarios andaluces y por ello es un honor que haga el paseillo en nuestra provincia.

A continuación será el turno del valeroso  David de Miranda en el año de su triunfal ascenso al grupo especial de matadores nacionales , con el aval de muchas tardes de gloria por toda la geografía española. Cortegana es una de sus plazas, donde siempre dejaron huella sus meritorias faenas, desde novillero ,al calor de su público. 

Y cierra la terna  Javier Zulueta ,el principito rubio  en el que tantas expectativas se levantan con sus aromas de alta escuela sevillana.Un torero en fase de madurez que desarrolla un concepto estilístico de encomiable pureza.

Taurina de Buendía vuelve a ofrecer al buen aficionado un atractivo espectáculo ,con un  formato abierto  , tres ganaderías y tres toreros en un cartel de gala para no perdeselo.


miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sin un gran toro no hay grandes toreros

 


El toro es el que le confiere importancia a todo. Es el auténtico eje sobre el que gira la Tauromaquia. Resulta fundamental que su trapío despierte admiración y respeto desde el mismo instante en que salta al ruedo. Pero aún más importante es que haga honor a su condición de bravo, que exhiba la casta que se le supone y que transmita sensación de poder.

Es el toro quien otorga al matador el estatus de ídolo, de héroe capaz de hacer aquello que el resto de los mortales somos incapaces siquiera de imaginar. La Tauromaquia comienza a resquebrajarse cuando el espectador sentado en el tendido llega a pensar que lo que sucede sobre el albero no entraña demasiada dificultad, que incluso él mismo sería capaz de coger una muleta y dibujar algunos pases. Cuando desaparece la sensación de riesgo y de exigencia, también se desvanece buena parte de la grandeza del toreo.

Recuerdo que en 1994, el representante de Jesulín de Ubrique, Manuel Morilla, se atrevió a coger la muleta para darle unos pases a un toro de su poderdante en la plaza de Sanlúcar de Barrameda. Aquella escena llamativa y desafortunada evidenciaba la extrema docilidad de los toros. Lejos de ensalzar la figura del torero, contribuía a restarle mérito, porque transmitía la falsa impresión de que cualquiera podía ponerse delante de un astado.

Sin embargo, cuando el toro acomete con codicia, prontitud, recorrido y poder, a nadie se le ocurre pensar que lo que presencia es una tarea sencilla. Todo lo contrario. Cuanto mayor es la exigencia del animal, mayor es el reconocimiento que recibe el torero. Su labor adquiere categoría, peso y significado.

No se trata de reclamar la aparición de la alimaña imposible que hace inviable el toreo, sino del toro enrazado, el que exige aptitud, recursos, valor y capacidad; el que pone a prueba al matador y, precisamente por ello, le concede jerarquía cuando es capaz de imponerse. El toro que permite veinte muletazos mandones, ligados y emocionantes, sin ofrecer la cómoda excusa de que se ha parado o de que ha embestido con esa sosería que convierte la faena en un ejercicio estético y rutinario.

La reciente Feria de Julio de Valencia dejó un ejemplo muy ilustrativo. Roca Rey pudo haber salido por la Puerta Grande porque existió petición de dos orejas. Sin embargo, la presidencia únicamente concedió una amparándose en el artículo 82.2 del Reglamento de Espectáculos Taurinos, que establece que “la concesión de la segunda oreja de una misma res será de la exclusiva competencia del Presidente, que tendrá en cuenta la petición del público, las condiciones del animal, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la estocada”.

El palco interpretó que la extraordinaria dulzura del toro, que permitió torear prácticamente como de salón, sin aparentes complicaciones —aunque evidentemente siempre las hay—, restaba entidad a la obra del diestro. Y, en consecuencia, únicamente concedió el trofeo cuya atribución corresponde a la voluntad del público.

Es muy posible que, con un animal apenas un punto más encastado, con un ápice más de transmisión y de exigencia, la rotundidad de la faena hubiera resultado incontestable y la segunda oreja no habría encontrado discusión.

El toro que necesita la tauromaquia es el que transmite, el que provoca emoción, el que confiere importancia a todo.

Es verdad: sin toro nada tiene importancia.

Esa frase de que sin toro nada tiene importancia sigue en vigor como dogma del toreo. Todo gira en torno al toro y al torero.
 Tienen la misma importancia uno y otro. No sirve una fiesta de toreros con  el toro en papel secundario.
 No vale tampoco entronizar al toro como lo único importante de un carte
lPor desgracia, la mayoría de los asistentes a las plazas desconocen la ganadería de la tarde.
 Y aunque ello sea cierto, la obligación de los profesionales y de los buenos aficionados es que el toro cobre el protagonismo que debe tener en la corrida..