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jueves, 6 de noviembre de 2025

ESOS APODERADOS...

 Por Carlos Bueno


L
os apoderados independientes nunca han tenido grandes despachos, ni departamentos de comunicación, ni influencia sobre las empresas que confeccionan las ferias. Lo suyo es cosa  vocacional, afición pura. Son hombres que creen en un torero cuando casi nadie más lo hace, que invierten su tiempo, su dinero y, sobre todo, su ilusión en sacar adelante una carrera. Su recompensa no suele ser inmediata ni económica; su satisfacción radica en ver a su torero abrir la Puerta Grande.

Durante décadas, estos apoderados independientes descubrieron talentos, forjaron figuras y, sobre todo, mantuvieron vivo ese espíritu romántico que siempre ha distinguido al mundo taurino. Su relación con el torero era casi fraternal. Comparten ilusiones, fracasos, kilómetros y sueños, y las estrategias se trazaban con la humildad de quien confía en la verdad del ruedo.

En los últimos tiempos han aparecido apoderados que, además de representar toreros, son empresarios de plazas y, en algunos casos, también ganaderos. Conglomerados de poder que han creado auténticas “multinacionales” taurinas capaces de controlar todos los eslabones de la cadena: el toro, el cartel y el torero.

Estos grupos han impuesto un modelo de gestión que diseña temporadas “a la carta”, planificadas con precisión comercial y sin margen para la improvisación o la competencia. Los toreros de sus casas evitan enfrentarse con rivales directos, huyen de las ganaderías duras y se mueven en un circuito cerrado en el que todo parece medido, calculado y previsible.



Carteles pensados para el gran público, con nombres reconocibles para el espectador ocasional, pero carentes de aliciente para el abonado que busca emoción, competencia y novedad. El aficionado fiel, ese que sostiene la Fiesta con su abono año tras año, asiste con decepción a una sucesión de festejos previsibles.

Y mientras tanto, los toreros apoderados por profesionales independientes se encuentran cada vez con más dificultades para abrirse paso. Las puertas de las grandes ferias se cierran con sutileza pero con firmeza. No hay hueco para ellos en los carteles “cerrados”, y cuando lo hay, suele ser en condiciones desiguales. La meritocracia, que debería ser la base de la Fiesta, se ve sustituida por intereses empresariales.

Aunque suene a tópico, la separación de poderes sería lo más saludable para el futuro de la tauromaquia. Que el ganadero se centre exclusivamente en criar el mejor toro posible, que el empresario piense en ofrecer el mejor espectáculo en su plaza, y que el apoderado defienda los intereses de su torero. Cuando esos tres roles se mezclan en una misma mano, la balanza se desequilibra y los perjudicados siempre son los mismos: los toreros sin padrino y los aficionados de verdad.

El toreo necesita recuperar la emoción de los carteles que generan competencia, confieren mérito y despiertan la ilusión del público. Y, en esa recuperación, los apoderados independientes siguen siendo imprescindibles. Ellos encarnan la fe en el torero, la honradez profesional y la pasión desmedida por la Fiesta. Son la resistencia silenciosa frente al poder de los despachos.

Sin independencia no hay libertad, y sin libertad el toreo pierde su sentido más profundo, el de ser un arte imprevisible donde sólo el mérito y la verdad deben mandar.

viernes, 2 de mayo de 2025

OTRO HITO

  Morante desató pasiones.

Firme, empeñado y valeroso, pura improvisación, el torero de la Puebla desata pasiones con dos faenas de sutiles logros y, sobre todo, con un recibo de largas al cuarto toro sacadas del repertorio de viejas tauromaquias

 Sin precisar de faenas preciosistas, cumplió una tarde redonda. Los detalles fueron muchos y singulares argumentos. Fragmentos del canon clásico: fundidas la tauromaquia antigua y la contemporánea en una pieza sola y en versión probablemente mejor que sus propios modelos. 

Todo lo cual vino a pasar desde el mismo momento en que Morante trató de fijar en espléndidos lances sueltos pero acompasados al toro corretón y desentendido que partió plaza. El galleo corregido con que llevó el toro al caballo fue distinto, y el remate de un quite por verónicas con larga y desplante en los medios, señal inequívoca de que Morante no había venido de paso, sino más motivado de lo habitual. A los medios, donde jadeante se sujetó el toro, venido abajo a las primeras de cambio, pegajoso cuando Morante lo forzó. A pies juntos fueron brotando muletazos marchosos apurando el fondo justo de fuelle del toro, que amenazó con irse a las tablas. No lo hizo gracias al empeño de Morante, que antes de la igualada, entre las rayas, abrochó faena con tres ajustados muletazos frontales. En la suerte contraria un primer pinchazo, un segundo hondo y tres golpes de cruceta, el tercero, magistral. La banda, tantas veces reticente con Morante, acompañó la faena entera.

 La música subrayó después las seis largas con que Morante paró de salida al cuarto toro. Tres por cada mano, dibujadas con precisión algebraica, el vuelo del capote solo al alcance de los elegidos en lo que podría tenerse por un lance menor pero convertido en manos de Morante en un ejercicio de virtuosismo. No solo el dibujo. Fue, además, la compostura de la figura, el medio pecho en el embroque, abierto el compás ligeramente. Y el remate con media envuelta. Se puso la gente en pie. El clamor fue de época. 

En alas de ese clamor incondicional Morante vino no a romperse pero sí a hacerse admirar con la razón secreta de su toreo: el valor. El encaje tranquilo, como si ponerse donde y como se puso no fuera riesgo, descolgado de hombros, que es la mejor manera de torear. Abierta en tablas de sombra con ayudados a suerte cargada, la faena cambió de terrenos casi de golpe y de pronto estuvo Morante plantado en las rayas contrarias de sol. Tandas de impecable ajuste que forzaban la desgana del toro, por una y otra mano, sin desmayar Morante, ingenioso en los remates improvisados, variaciones del toreo por bajo traído detrás. Empeñado, seguro, dueño del toro, que tuvo siempre en la mano con su punto de desenfado. 

Y el colofón magistral: una estocada dando espalda a toriles y atracándose de toro como si en la estocada le fuera la temporada. La manera de ver doblar al toro, rodilla en tierra el desplante, fue un espectáculo. Y otro, una interminable vuelta al ruedo que tuvo no poco de reencuentro del torero con sus fieles de ahora y de siempre. Dos orejas. La segunda, por plebiscito. Hubo que arrancársela al palco cuando ya estaba el toro enganchado en las mulillas y traerla desde el patio de sangres. 

El toro se llamó BODEGUERO, estaba marcado con el nº 63, negro zaino, de 513 kg, nacido en enero de 2020.

                      Crónica de Barquerito

miércoles, 28 de agosto de 2024

EL PULSO DE LA FIESTA – Las Corridas Generales en pocas palabras

 Por José C. Arévalo

En Bilbao la gente ha ido a los toros cuando toreaba Roca Rey. Lógico. Pero qué pena.

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Tres cuartas partes de las plazas las llena el público. El resto, los aficionados. Siempre fue así. Solo los fuertes abonos quitan la razón a lo dicho.

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Antes había más público, hoy solo quedan los aficionados. La razón es bien sencilla: ayer los medios informaban sobre la Fiesta. Hoy la han expulsado de muchos periódicos, de la radio, de la televisión.

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A la Fiesta la han metido en un gueto. Solo Roca Rey la saca del gueto

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Me gusta la plaza de Bilbao. No se lo tiene creído como la de Madrid y la de Sevilla. Y tanto los aficionados como los espectadores saben catar el toreo.

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Si la crítica y los aficionados estuvieran informados sabrían que hay muy pocos toros en el campo y estarían más calladitos. Si por casualidad un aficionado leyera “La Dama de Abando” (historia de la antigua plaza de Bilbao) le sorprendería que en tiempos de los toreros de hierro los toros tenían menos trapío y romana que ahora.

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Daniel Luque hizo al primer toro de su mano a mano con Borja Jiménez una de las faenas más importantes de la temporada. Se enteró la plaza. El presidente, no. La crítica, tampoco.

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Si Borja Jiménez no estuviera en una admirable lucha por situarse, los presuntos buenos aficionados se habrían percatado del inspirado trazo que tiene el torero de Espartinas. Cuando llegue arriba será un torero de arte.

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En su primera actuación, a Roca Rey le robaron la Puerta Grande. En su segunda, una oreja. No sé por qué dan tanta coba al presidente de Vista Alegre. No tiene ni puta idea. Por cierto, R. R. dio los naturales más puros de la feria.

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Componer sin componer, inspiración y naturalidad, elegancia y verdad. Y el temple inexplicable. Por supuesto, hablo de Juan Ortega.

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Manzanares estuvo bien. Porque es un buen torero y un excelente matador. Lástima que la estructura de sus faenas siempre sea la misma. Y que a su elegante toreo le falte un poco más de apasionada sobredósis.

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Pablo Aguado une sevillanía y naturalidad. Da gusto verle. Pero hay que romperse un poquito.

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Seamos claros: La casta en el manso se llama genio. Dolores Aguirre lidió seis toros con genio y al que tenía la clase de sus ancestros “atanasios” no lo pudo lidiar por poca fuerza, pues el presidente, coherente en su incoherencia, no le perdonó como a muchos otros en esta feria.

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Si somos ecuánimes, el triunfador de Bilbao son dos: Borja Jiménez y Roca Rey. Y el héroe de Las Corridas Generales: Damián Castaño. Sí, héroe. Pero además torea francamente bien.

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Se despidieron de Bilbao Pablo Hermoso de Mendoza y Enrique Ponce. El navarro, que revolucionó el arte de Marialva, hizo una buena y académica faena. Nada que ver con la conmoción que lograba en sus buenos tiempos. El valenciano, líder de la regularidad triunfal en las tres últimas décadas, también hizo una buena y correcta faena. Nada que ver con los alborotos que antes formaba en Vista Alegre.

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Los bilbaínos han dejado las coas muy claras: O traen a las figuras en un ciclo competitivo o nos quedamos en casa. La verdad, razón tienen



Bilbao. Aste Nagusia. 2024

martes, 27 de agosto de 2024

Conclusiones de la Feria de Bilbao

 Las Corridas Generales de Bilbao, han dejado muchos temas para comentar y debatir. Resumimos  aquí telegráficamente las conclusiones principales de esos siete festejos.

Los toros


El prestigio tradicional de Bilbao se basaba, ante todo, en la seriedad y el trapío de los toros que allí se lidiaban: sólo un punto por debajo de los descomunales de Pamplona y al nivel, por lo menos, de los de Madrid. En este tema, esencial, ya se ha empezado a flaquear: la presentación de unos cuantos toros, lidiados este año, no ha estado a ese nivel.

En el juego que han dado los toros, la cosa ha sido más grave. Ha habido dos grandes –en todos los sentidos– corridas de toros: la de Fuente Ymbro y la de Dolores Aguirre. Curiosamente, son dos ganaderías consideradas «toristas», de las que suelen huir las figuras. Con sus dificultades, las dos han aportado casta, fuerza y emoción: elementos absolutamente insustituibles, en una corrida de toros

De los toros que eligen las figuras, han sido manejables –nada más– los de La Ventana del Puerto , Victoriano del Río y Núñez del Cuvillo; desastrosos, los de Daniel Ruiz y los toros sueltos de Valdefresno y El Puerto de San Lorenzo. (Por cierto, no responde a la tradicional seriedad de Bilbao que en un festejo acaben lidiándose reses de cuatro ganaderías).

Los carteles


Vistos los resultados de los festejos, se ha echado de menos a algunos matadores, cuya ausencia se advirtió, desde el comienzo. Ante todo, a Morante, el número uno actual, insustituible. Luego, a Manuel Escribano y Paco Ureña, que han realizado grandes hazañas, en este coso. De los menos veteranos, a Román, Tomás Rufo, Ginés Marín y Fernando Adrián (que está triunfando todas las tardes)

Desde que se anunciaron los carteles, el acierto mayor me pareció el del mano a mano de Daniel Luque y Borja Jiménez: el éxito del festejo así lo ha certificado.

Obligadas eran las despedidas de Bilbao de Enrique Ponce y Pablo Hermoso de Mendoza, con toda la carga sentimental que traían. Aún en este último caso, no me gustan los carteles mixtos, en los que un rejoneador mata dos toros, igual que los toreros de a pie.

La lluvia evitó una pobre entrada en el festejo inicial de rejones. El año próximo, retirado Pablo Hermoso de Mendoza, es obligado que vuelva a esta Plaza Diego Ventura, el actual número uno. Lo lógico será buscar el acontecimiento: seis toros, para él, en solitario (como ya ha hecho triunfalmente en Madrid). O buscar la rivalidad: su mano a mano con Guillermo Hermoso de Mendoza

Los toreros

El triunfador indiscutible ha sido Borja Jiménez, con sus tres orejas, ganadas con una entrega absoluta, que puede simbolizarse en las tres veces que acudió a porta gayola. Ha superado las consecuencias de una grave cornada, mató bastante bien esta vez (aunque sigue entrando a matar desde demasiado lejos) y sale reforzado de Bilbao.

Claro triunfador ha sido también Damián Castaño, que se jugó la vida heroicamente, con un tremendo toro de Dolores Aguirre. Para las corridas duras, hay que contar con él: se lo ha ganado.

Superadas las secuelas de su terrible percance, torea con clasicismo Emilio de Justo. Dentro de poco, los seis toros de Victorino que va a matar en Valladolid serán su gran examen.

El estilo de torear de Andrés Roca Rey entusiasma a muchos, le ponen pegas otros, pero nadie puede discutir dos cosas: ha sido el único que ha logrado llenar los tendidos de Bilbao y ha asumido su responsabilidad de primera figura. Siempre se entrega y da espectáculo: por eso atrae al gran público.

En su presentación, cayó de pie en Vista Alegre Juan Ortega. Aunque no lo parezca, Bilbao, lo mismo que Madrid, siempre se han pirrado por la estética sevillana, que se sale de la frecuente rutina actual.

Han aportado poco algunos matadores veteranos, ya muy vistos.

En tres líneas diferentes, estuvieron bien los tres novilleros, JarochoAarón Palacio Zulueta. Sorprendió especialmente el segundo, el menos conocido.


La Presidencia



Las polémicas periodísticas sobre la negativa a conceder la segunda oreja a Roca Rey se han diluido muy pronto. Si una estocada no ha caído en buen sitio, el segundo trofeo es muy discutible.

Como en el fútbol, no es bueno echar las culpas de todo al árbitro. En una Feria tan seria como debe ser la de Bilbao, es conveniente que haya un solo Presidente y que mantenga su criterio: así, se evitan los bandazos que vemos ahora en Pamplona y en Madrid, por ejemplo. Y no se debe pedir que se rebaje la exigencia, para que acuda a la Plaza más público. Eso sería abaratar la Fiesta: Bilbao debe mantener la seriedad tradicional que siempre ha tenido.

Con sus criterios y sus errores, Matías González se ha esforzado siempre por mantener el prestigio de la Plaza de Bilbao; en general, lo ha conseguido, evitando la verbena de trofeos que en muchas Plazas se conceden. Este año, ha acertado, al conceder rápidamente la oreja a Damián Castaño, a pesar del pinchazo. Si acaso, ha pecado un poco de blandura –en contra de lo que suele decirse– por la circunstancia sentimental de la despedida de Pablo Hermoso y por la seducción del estilo de Juan Ortega.

El público

La gran noticia negativa de esta Feria ha sido la escasa asistencia de público. Disimular un problema no ayuda a resolverlo.

Los hechos están ahí. Las posibles causas son múltiples: la falta de apoyo moral –no hablo de dinero– de las autoridades bilbaínas. (Compárese, por ejemplo, con lo que han hecho las alcaldesas de Santander Gijón por las Ferias de sus ciudades, en claro avance). El abandono de muchas empresas locales, que antes compraban palcos. El paso del tiempo, en lo que simbólicamente significaba lo que solemos llamar «Neguri». La rutina de los carteles, que deben abrirse a más rivalidad, más jóvenes, y buscar que constituyan un acontecimiento (la Plaza de Nimes y el entorno de José Tomás lo entendieron perfectamente). La escasa conexión de la nueva empresa con las peñas taurinas locales (a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en Pontevedra), con el Cocherito y el Club Taurino a la cabeza…

En la organización, La Plaza debe tener más acomodadores, para evitar el desbarajuste continuo de los espectadores que entran y salen, durante la lidia, con un vaso en la mano, y se sientan donde les apetece. No tiene sentido que se hayan suprimido los tableros que facilitaban el trabajo de los periodistas: una iniciativa pionera, bien acogida por todos, que fue imitada luego en Valencia y en Madrid.

Se deben presentar solemnemente los carteles, no sólo anunciarlos. Y hacerlo con tiempo, para que los aficionados de fuera de la ciudad puedan programar sus viajes.

Todo esto es discutible pero el resultado está a la vista y, hasta que apareció Roca Rey, fue desolador. En el fondo, es un problema de escasa afición, de prejuicios y falta de información, en buena parte de la sociedad. Ahora mismo, si algo no aparece en las televisiones en abierto, es muy difícil que la sociedad española se entere. (La política ofrece ejemplos de sobra).

Es ineludible luchar contra ello. Hay que trabajar mucho, todo el año, con nuevas iniciativas, para difundir la Fiesta, defender la cultura taurina y promover que los toros vuelvan a estar de moda en Bilbao, como ya está sucediendo en otras ciudades.

El objetivo debe estar claro: conseguir que la sociedad bilbaína vuelva a sentir que las Corridas Generales son tan suyas como, por ejemplo, lo es el Athletic. Ya sé que esto es muy difícil, con los actuales prejuicios e ignorancias, pero es ineludible. ¿Se hará algo? Veremos… Pero está en juego el futuro de la Fiesta, en Bilbao.


Por Andrés Amorós.diario digital El Debate

domingo, 4 de agosto de 2024

Uno, dos y tres: tres toreros en el redondel


 Contracrónica de la penúltima de Colombinas

Álvaro Rodríguez del Moral

El cartel de esta penúltima de Colombinas venía a resumir con trazos gruesos el momento del escalafón actual: por delante habían colocado un veterano amortizado, Alejandro Talavante, instalado en la comodidad de las ferias con mentalidad de funcionario por obra y gracia de esos hilos grises que mueven el negocio taurino con mentalidad cortoplacista y afán comisionista.

En medio se situaba Juan Ortega, un matador del gusto de los mejores aficionados, intérprete del palo más clásico del toreo; capaz de despertar y concretar ilusiones; con poder para cuajar esos toros que se instalan en el recuerdo y trascienden la memoria. Y cerraba la terna Roca Rey, el verdadero líder de este escalafón tan necesitado de alicientes. El limeño, las cosas son como son, sigue obrando como bálsamo de las taquillas y alivio de los empresarios en medio del páramo de las ferias mientras se repiten carteles sin hilo ni argumento que delatan la falta de talento e ilusión de los que siguen teniendo la responsabilidad de montarlos.

 Para qué vamos a negarlo: mientras las plazas se llenan, la juventud retrata su afición sin complejos y crece la reacción protaurina ante tantos ataques injustificados, la patronal sigue a lo suyo esperando a que el último apague la luz

El desarrollo de la corrida iba a confirmar esas certezas. Después de la espesa faena de Talavante que inauguró la tarde se iban a cambiar las tornas. Ortega marcó cualquier diferencia -era como contemplar el amanecer después de la noche- enseñando que el toreo también puede ser cadencia, armonía y ritmo. Lo demostró con el segundo toro de Juan Pedro Domecq, un manso de libro que también le sirvió para certificar que ha crecido en capacidad, resolución y compromiso. El diestro sevillano empieza a encontrar toro en todas partes sin renunciar a su más íntima personalidad. Juan Ortega, para qué vamos a darle más vueltas, es el torero a seguir. Si Roca había rendido la plaza atrincherado en las cercanías del tercero, Talavante iba a vender una colección de efectismos sin pegarle ni uno de verdad al cuarto que iba a ser, con mucho, el mejor del desigual envío de Lo Álvaro. El diestro extremeño enredó, sacó no sé cuántos conejos de la chistera pero se conformó con mercaderar con bisutería por más que paseara una oreja intrascendente que no hará historia.

En el fondo estábamos deseando volver a ver a Ortega aunque no iba a poder ser con el quinto. Los elementos se iban a imponer a la voluntad del diestro sevillano por más que hubiera puesto todo en el empeño y recibiera un trofeo como premio a su estocada. Quedaba la traca final, el tornado nocturno de Roca Rey que volvió a tirar del toreo de cercanías en el confín de su segunda faena para ampliar su cosecha de orejas. Con la noche cernida sobre los cabezos se iba a marchar a hombros de la plaza en su particular paseo militar por esta anodina temporada 2024.

Que no decaiga y enhorabuena al peruano pero al final sólo quedaba el poso, el halo, la prueba de la memoria que salva ese puñado de muletazos de Juan Ortega como único recuerdo nítido de una tarde que resumió el argumento de un año que ya encara su curso bajo. Lo peor siempre es el aburrimiento

Ficha del festejo:

Alejandro Talavante, silencio y oreja tras dos avisos

Juan Ortega, saluda ovación tras aviso y oreja

Roca Rey, dos orejas y dos orejas tras aviso

Cuadrillas: Se desmonteraron en el 1º de la tarde, Javier Ambel y Manuel Izquierdo. Brilló con los palitroques en el 3º, Francisco Durán “Viruta”. Dos magníficos pares de banderillas le colocó al 6º Antonio Manuel Punta. En labores de lidia destacaron Javier Ambel, en el 4º, y Miguel Ángel Sánchez, en el 5º. Gran quite de riesgo a Antonio Manuel Punta por parte de Manuel Izquierdo en sexto

domingo, 3 de marzo de 2024

Si viviera Gallito....



Faltaban dedos en las manos para contar los quebraderos de cabeza que Gallito le dio a Espelíus para convencerle de que hiciera lo posible para levantar la plaza de Las Ventas; su Monumental: "Hay que hacer en Madrid una plaza Monumental y esa plaza la tengo que inaugurar yo".

José vivía obsesionado con la falta de localidades de la antigua plaza de Madrid, regentada por Julián Echevarría 'Julianón', a quien el monstruo de Gelves le hacía saber constantemente su deseo de que en ese coso que tenía en su cabeza pudieran entrar las gentes modestas que no tenían cabida en la antigua plaza debido a su bajo nivel adquisitivo, para hacerles partícipes del espectáculo y devolverle así, de alguna manera, la cultura del toro al pueblo.

Amanecía el penúltimo de 'febrerito el corto' con el sablazo del establishment en el que se ha convertido el triángulo 'diabólico' de anti afición de la plaza de Las Ventas, como es la empresa Plaza 1, la Comunidad de Madrid y su Centro de Asuntos Taurinos, con una subida desorbitada en los precios de las entradas sueltas lejos de las tarifas isidriles u otoñales.

Un golpe a la temporada de la primera plaza del mundo, que la deja en el alambre y hace que a ese citado triángulo le saquen los colores la más que posible ausencia de aficionados y reconocidas peñas de la geografía que se desplazaban hasta la capital para disfrutar de una tarde de toros algunos domingos y festivos en temporada. Algo que hoy, claro está, les da absolutamente igual.

Y sí, cierto es que esto ocurría cuando una entrada en la andanada de sol te valía el año pasado 7 euros y no 17 como este año; cuando una delantera de andanada te valía 11 y no 23'50; cuando un tendido medio de sol te valía 18 y no 31; cuando un tendido bajo de sol te valía 27 y no 45; o cuando una andanada de sombra te valía 12 y no 28. Sumándole a los costos de la entrada, los desproporcionados gastos de gestión, el viaje y la comida, si es que no te toca hacer noche en Madrid...

El CAT y la CAM han pasado por el aro de todas los caprichos y exigencias de Plaza 1 convirtiéndose en cómplices de tal escarnio elitista, defenestrando a un tiempo la idiosincrasia de la temporada venteña con este y otro tipo de abusos o, simplemente, metiendo a la televisión en mitad de dicha temporada —no sólo San Isidro y Otoño, como así debería ser—, ofreciéndote la posibilidad de quedarte en casa debajo del chorro del aire acondicionado, invitando al abonado y no abonado indirectamente de esta manera a no ir a la plaza. Luego que por qué el cemento.

Viendo lo que están haciendo con su plaza, si viviera Gallito, a él también le gustaría la fruta.

Darío Juárez //www.porelpitonderecho.com

martes, 21 de noviembre de 2023

NUEVO MINISTRO

 


Desde este lunes, España cuenta con el ministro de Cultura con los postulados más hostiles sobre la tauromaquia. En 2016, tras el fallo del Tribunal Constitucional (TC) que prohibió prohibir los toros en Cataluña, Ernest Urtasun tachó la lidia de "injusta", "sádica" y "despreciable". Lo hizo al firmar un manifiesto en contra de esta sentencia del TC.

¿Qué piensa el sector taurino del nombramiento de Urtasun? "Esperamos que las posiciones personales, a las que tienen derecho los individuos, no se trasladen, se manifiesten o se lleven a cabo cuando una persona adquiere un cargo de responsabilidad pública", advierte Rafael Garrido, director general de Plaza 1, la empresa que gestiona la madrileña Plaza de Toros de Las Ventas.



"Las manifestaciones de un individuo que sólo representan a él mismo no pueden ser iguales cuando se ostenta un cargo de máxima responsabilidad, como es el de un ministro de Cultura de todos los españoles", añade.

 "Esperamos que el nuevo ministro de Cultura actúe como tal, con la responsabilidad de trabajar desde su cartera para todos los españoles, independientemente de sus opciones personales", añade.

martes, 25 de abril de 2023

¿Por qué Sevilla castiga a Morante?

  


Por Patricia Navarro.

La cabeza seguía intentando comprender qué había ocurrido. Eran las horas de los porqués. ¿Cómo es posible que Morante es el que mejor ha toreado de toda la feria y sí el presidente le negó un trofeo pero no es menos verdad que Sevilla no se rompe con su torero ni la maten? Cantan más la bulla de otros tantos, para qué dar nombres, si nos sobran dedos de las manos, que la profundidad, genialidad y autenticidad de un torero de época que, no se olviden, además de irrepetible lleva ya un porrón de años en esto y la carreras, como la vida, no es inagotable.
 Morante es uno de los toreros, junto con muy pocos, que siguen alimentando el alma en una plaza de toros. 
El día que se vaya es pérdida irreparable. Y aquí nos hablamos de números ni cifras ni orejas, ni tan siquiera Puertas del Príncipe. Esto va de otra historia. De la motivación real que te hace ir a una plaza de toros. Y eso es Morante, aunque a Sevilla le cueste romperse de verdad con su torero. No se olviden que detrás de la bulla, del jiji jaja, de los pases rápidos, del lío batallón apenas queda nada. Y si no me creen hagan memoria. Lo que hizo el de La Puebla el lunes esos medios toros fue magia pura. Los terrenos, la despaciosidad, el respeto al toro, la entrega, la forma de pisar la arena, como si se desplomara en ella para dejar envolverse entre los pitones en cada arrancada olvidándose que ese desenlace puede ser fatal. 
Esas faenas son de las que te dejan intentando analizar qué es esta puta locura ancestral que comenzó hace siglos, tan difícil de comprender y que cuando ocurre así, en estos términos, te deja del revés y convencida de que no hay espectáculo igual. (Aunque otras tantas tarde la vulgaridad sea insultante).

https://www.larazon.es/cultura/toros/

miércoles, 12 de abril de 2023

De seis en seis

POR FERNANDO FDEZ. ROMÁN

Echando mano de la abundosa historiografía sobre las corridas de toros en España, nos encontramos con que las “ternas” de matadores no se consolidan hasta muy entrado el siglo XIX. Diríase que muy a finales. Hasta entonces, los toreros de a pie descollantes, los que atraían puntualmente la atención de los públicos, se las veían cara acara con sus más directos rivales, formando parejas o duplas que suponían otras tantas banderías de partidarios acérrimos de uno u otro diestro, sin que se concibiera, para nada, la neutralidad. No valían medias tintas, y eso del “centralismo” estaba por inventar.