El fatalismo, a veces, no es un pesimismo irracional, sino la voz de la experiencia, la certeza de que algo pasará para que la tarde más esperada por la afición se convierta en una mierda con todas las letras.
Porque esto ya lo he visto yo otras veces: una feria en la que está embistiendo hasta el perro del cortijo, llega el día de Morante y no hay manera; y si se junta con Urdiales, entonces coja usted ya el camino de la (otra) feria y póngase de jamón, gambas y fino hasta las trancas, que las penas con rebujito son menos penas, imagino.