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martes, 12 de mayo de 2026

Generación del 27. República y toros

 


Por Paco March

Para que pueda hablarse de una generación literaria es necesaria, entre otras, la constatación de ésta en una presentación pública. Para la Generación del 27, son las jornadas organizadas por Ignacio Sánchez Mejías en homenaje al poeta Luis de Góngora en el tercer centenario de su muerte y que tuvieron lugar entre el 16 y 18 de diciembre de aquel año en el Ateneo de Sevilla.

Rafael Alberti, en su libro de memorias “La arboleda perdida”, cuenta: “ Ignacio Sánchez Mejías nos metió a todos en un tren y nos llevó a Sevilla”. En ese tren embarcaba siete literatos de vanguardia: el propio Rafael, Federico García LorcaJuan ChabásGerardo DiegoDámaso AlonsoJorge Guillén y José Bergamín, acompañados de Ignacio y Pepín Bello (autor ágrafo, muchos años en la Residencia de Estudiantes, y cuya longevidad fue un ejercicio singular de memoria).

Viviendo el Sr. José Bello en Sevilla , en razón de su cargo en el Ministerio de Fomento, entabló fuerte amistad con el torero Ignacio Sánchez Mejías y el poeta Romero Murube. En el libro “Conversaciones con Pepín Bello” (David Castillo . Ed. Anagrama) Bello lo explica así: 

“Nos llegó la noticia de la voluntad de una parte de nuestros amigos poetas de ofrecer un homenaje con motivo del tricentenario de la muerte de Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla. Sánchez Mejías, hombre muy sensible a todas las manifestaciones artísticas, invitó a Alberti, Dámaso Alonso y Bergamín al Hotel Madrid de Sevilla, que era el mejor hotel de España, pues los otros poetas tenían posibilidades para pagarse ellos mismo un hotel. No había mucha gente en el Ateneo siguiendo el acto, en el que el poeta onubense Adriano del Valle y Rafael Alberti hicieron una lectura de versos. Salí a la calle y le pedí a un fotógrafo ambulante su cámara. Entré al Ateneo y disparé la foto con un flash de magnesio que llenó toda la sala de un humo blanco que escocía los ojos. Esa foto es la que luego se ha reproducido hasta la saciedad como la fotografía oficial de la Generación del 27”:

En la Generación del 27 ( a partir de ahora en este texto Generación de la República, que es como prefería llamarla José Bergamín) muchos de quienes en ella se adscriben tienen en la poesía la parte fundamental o más reconocida de su obra. No por casualidad y no sólo en ese tiempo.

El espectáculo de la corrida es tan plástico y tan fuertemente sugestivo que no es extraño que impresione a sensibilidades poéticas de distinto signo. Mientras unos se impregnan del sentido total de la Fiesta otros se fijan en el color la luz, el movimiento, el dramatismo de un instante irrepetible.

La Generación de la República supuso, tanto por los nombres que la componían como por la cantidad y calidad de la obra, el momento cumbre de la cercanía de la Fiesta de los toros con la poesía. Y de todos sus componentes, sin duda Gerardo Diego y José Bergamín (también Alberti y desde otra perspectiva, Lorca) eran los más aficionados a los toros y de ellos es la mayor producción literaria y poética que aúna ambas disciplinas artísticas.

De la foto fundacional, la mitad de los que en ella figuran tienen obra taurina: AlbertiLorcaBergamínGerardo Diego y, en mucha menor medida, Dámaso Alonso, quien la explicó en su “Una generación poética. 1920-1936”, en Poetas españoles contemporáneos. Ed Gredos 1955)


De Lorca bastaría con citar su “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, sin duda la más lata cumbre del género elegiaco, pero las referencias taurinas aparecen en buen parte de su obra. En el “Romancero Gitano”, el poema “Prendimiento de Antoñito el Camborio” : “ Antonio Torres Heredia/ hijo y nieto de Camborios/ con una vara de mimbre va a Sevilla/a ver los toros…El día se va despacio/la tarde colgada al hombro/ dando una larga torera / sobre el mar y los arroyos”.

O en su obra teatral “Mariana Pineda”: “En la corrida más grande/ que se vio en Ronda la vieja/ cinco toros de azabache/ con divisa verde y negra”.

En 1930, García Lorca presentó en Nueva York una conferencia de Sánchez Mejías y , tras la introducción en la que , entre otras cosas, dijo: “ En la última prodigiosa generación taurina que ha dado España, a Ignacio Sánchez Mejías el corresponde el sitio de la fe. Joselito fue la inteligencia pura, Belmonte, el iluminado. Sánchez Mejías es la fe, la voluntad, el hombre, el héroe puro” , finalizó: “ Así pues, yo, con gran alegría le doy la alternativa en esta plaza de Nueva York . Ignacio, tienes la palabra. ¡Salud !”.

La afición taurina de Gerardo Diego, nacido en Santander, se forjó en la Feria de Bilbao, deslumbrado por Rafael “El Gallo” y Belmonte y se acrecienta con una viaje a Andalucía: “Y el descubrimiento del Sur perezoso/que me reconoce/…Ay mis quince años/ como quince rosas/como quince verónicas lentas/que me deshojan”

Amigo de Sánchez Mejías, de Juan Belmonte se relaciona con Domingo OrtegaPepe Luis Vázquez o Antonio Bienvenida y su fervor taurino lo proclama así: “ Nadie que no haya toreado por lo menos de salón y, a ser posible, en colaboración con alguna becerra em tentadero o festival en el ruedo, puede decirse que ha nacido del todo”. Su obra “La suerte o la muerte. Poema del toreo” lo testimonia y realza.

La visión, la forma de acercarse de Rafael Alberti a la Fiesta es absolutamente personal y alejada de conceptos tradicionales. Aparece inicialmente en la “Chuflillas al Niño de la Palma “ y “Seguidillas a una extranjera” donde escribe. “ Todos los torerillos/que hay en Sevilla/te arrojaron al verte/ la monterilla”. 

Escribe también un poema elegíaco a la muerte de Sánchez Mejías (de quien , en Pontevedra, fue banderillero por un día, sin salir del abrigo del callejón) en el que recurre al tema del mar y en el que la muerte del torero es el reflejo del dolor del exilio: “ Por el Mar Negro un barco / va a Rumanía/ por caminos sin sangre/ va tu agonía”.

En “Corrida” finaliza así: “ Y cuando atravesada/ siente el toro su vida / piensa que la corrida / vale bien una espada”. Poeta y comunista, amigo de Luis Miguel Dominguín: “Vuelvo a los toros por ti/ yo Rafael/ por ti al ruedo/ ¡Ay con más años que miedo/ Luis Miguel…Te propongo Luis Miguel/ propongo tú, único matador/ rosa picassiano y oro/ Pablo Ruiz Picasso, el toro/ y yo, el picador”, para Alberti el toro es el símbolo de la fuerza de España, de su pueblo.

La Generación de la República tiene en José Bergamín una de sus figuras esenciales a la que, paradójicamente, algunos autores han querido dejar al margen de la misma. Nada nuevo, por cierto, en la biografía humana y literaria de quien dijo: “ En España me siento realmente fantasma”.

Un “fantasma” que dejó su huella en la historia intelectual española en sus múltiples facetas la de editor (lo fue, por ejemplo, de la primera edición de Poeta en Nueva York, de García Lorca), ensayista, dramaturgo, prosista y poeta y en la que la presencia de la Tauromaquia es una constante y adquiere enorme relevancia. Basta con leer su “Obra taurina” , una imprescindible compilación a cargo de su hijo Fernando editada por el CSIC.

“El Arte de Birlibirloque”, “La música callada del toreo”; “La claridad
del toreo”…son piezas maestras de un hombre comprometido y contradictorio a fuer de íntegro.

Bergamín, incomprendido a veces, porque: “Para ver y entender/ estas verdades toreras/lo que hace falta tener/ son buenas entendederas….

La Generación del 27, la Generación de la República, la de AlbertiBergamínLorcaDiego… La del pensamiento al servicio del progreso y el arte. También la de los toros.

Gentes de la cultura, combatientes por la libertad, abiertos al progreso y la tolerancia.

¡Va por ellos!

sábado, 7 de diciembre de 2024

Reivindicar al ganadero

 Por José Carlos Arévalo

Hay varias, no muchas, historias del toreo. Pero ninguna de la bravura. Puede aducirse una explicación: el trabajo del ganadero es a puerta cerrada, en el campo, sin constatación pública. Por supuesto, el argumento es insuficiente porque el toro actúa en la plaza, y la crítica, paso a paso, habría podido levantar acta de la deslumbrante evolución de su comportamiento. Y no lo hizo.

¿Se podría trazar el largo proceso que va de su primera movilidad, mitad huida y mitad ataque, y de sus primeros encuentros con los capotes, entre el derrote y la estampida? ¿Se podría haber consignado la transformación de dicho derrote en embestida, en la corta, alta, defensiva embestida que preponderaba a finales del siglo XIX? Habría sido posible si la reseña del juego de los “toros célebres” registrada por la literatura taurina hubiera descrito cómo el toro embestía a los engaños. Pero los cronistas de antaño solo se fijaban en el número de caballos muertos y en la épica de la combatividad del toro en los tres tercios. Y tan lamentable ceguera impide hoy una puntual historia sobre la conversión del agresivo toro ibérico en el toro bravo de lidia que hoy se disfruta en las plazas.

Por eso siempre he pensado que la revolución belmontina, descubridora de los tres tiempos de la embestida, acometida al cite, conjunción en el embroque y persecución del engaño hasta el remate de la suerte, forjados por los tres cánones de parar, templar y mandar, fue posible porque el toro ya llevaba dentro esa embestida completa. El mérito de Belmonte consistió en inventar el toreo que la reveló. Y así lo consignó la historia. Pero de la laboriosa y genial obra genética que había creado esa inaudita prestación de la bravura descubierta por el genio de Triana, la historia de la tauromaquia no ha dicho nada respecto a su coautor: el ganadero.

El toreo es, entre otras muchas cosas, una indagación, un dialogo compartido entre el torero y el ganadero, cuyo tema es el toro que se está lidiando. Y como el resultado de dicho dialogo es el toreo, quien termina por aprobar la evolución de la bravura y el toreo es el público, el otro autor de la tauromaquia. Así, sobre la obra creadora del ganadero inciden tres factores: La idea que él mismo tiene de la bravura, la opinión de su catador, el torero, y la aprobación de su consumidor, el público.

La singularidad del ganadero de bravo solo se asemeja a la del viticultor/bodeguero, dos artistas agropecuarios: uno de la bravura y sus diferentes versiones; el otro, de una amplia gama de sabores vinícolas. El ganadero de bravo es un genetista empírico que no científico, y de alguna manera el pionero de las leyes mendelianas de la herencia genética de los caracteres y la morfología de animales y plantas. Anterior a la obra de los genetistas ingleses y holandeses con el vacuno de carne y leche, el ganadero de bravo especuló, mediante la tienta, con la cruza del bovino agresivo de la península Ibérica, gracias a un arte combinatorio entre los caracteres comportamentales de los progenitores. Su gran faena, además de otras también determinantes, es el enlotado, su inteligencia e intuición para seleccionar, por la especificidad de su bravura, las vacas que cada añada deben ser cubiertas por un semental. Un trabajo selectivo que predice y corrige, extrema o contiene, el camino a seguir por la bravura de su ganadería. La suma de la obra llevada a cabo por los ganaderos, generación tras generación, ha dado los siguientes logros:

En la zootecnia. 


Ha conservado la variabilidad genética más alta: la de la ganadería de bravo es superior a la del resto de todas las razas bovinas juntas. Según el doctor Cañón, eminente catedrático de la Universidad Complutense, la raza de bravo es una meta raza. Sin duda la más emparentada con el Uro, como lo demuestra su mapa genético. Y es posible que la multicentenaria selección ganadera sea la inconsciente autora de variantes anatómicas como la doble circulación coronaria del toro bravo con respecto al resto de los bovinos, que lo protege del infarto durante la lidia, o su menor amígdala cerebral, que estimula su agresividad, o su mayor córtex del cerebro, que lo faculta para el combate; así como la optimización de su potente sistema neuroendocrino, que bloquea su dolor y palía su estrés y estimula su agresividad con rápida eficacia en los tres tercios de la lidia. El toro de lidia es, posiblemente, la creación más intensa que el hombre ha llevado a cabo en el mundo animal, un maridaje entre la naturaleza, la agresividad innata del toro ibérico, y la cultura, las prestaciones de la bravura introducidas por el hombre para su acoplamiento al toreo.

En la ecología. 


Hace unos trescientos cincuenta años se produjo un hecho único en el mundo occidental: la creación humana de un hábitat para un animal asilvestrado, el toro bravo, que le permitió conservar y perfeccionar su ecosistema bajo un régimen de libertad vigilada y dirigida a distancia. Se trata de un extraño caso que comprende al toro como un animal doméstico no domesticado, en el que la colaboración entre hombre y toro es todavía más insólita. Porque en ese hábitat compartido, el toro no es un receptor pasivo. Su peligrosidad lo convierte en guardián del territorio, defendiéndolo de pirómanos y furtivos; en su conservador, pues hollea las praderas y ramonea los arbustos para prever los incendios estivales; y en cooperador económico con la venta de su bravura, de modo que el sacrificio del 6’7 por ciento de su población anual mantiene el equilibrio demográfico de la población bovina y aporta gran parte de los ingresos necesarios para el mantenimiento de la dehesa y de su carga ganadera.


El hábitat del toro es un paradigma ecológico. Su espacio vital, en España, es de 1’6 cabezas de ganado por hectárea. Segmentado en grandes cercados (vacas y sus crías; becerros y erales; novillos y toros, toros de saca), los animales cumplen en el campo bravo todas las edades propias de su especie, incluso el toro de saca, que se lidia cuando ha alcanzado su cumbre biológica, siendo los más longevos el semental y la vaca matriz.

La ganaderías de bravo ocupan 400 mil hectáreas de la península Ibérica, que son sumideros de CO2 y exportadoras de oxígeno, refugio de otras especies silvestres en peligro de extinción y cuando albergan acuíferos, paradas estacionales de aves emigrantes. En definitiva, un paraíso ecológico que afirma al ganadero de bravo como un paradigmático ecologista práctico.


 

En la tauromaquia.



Las prestaciones de la bravura han hecho del toro un actor básico del drama taurino. Su comportamiento en la lidia ofrece al espectador tres lecturas de su comportamiento. La etológica, que descubre sus caracteres individuales en los tres tercios; la artística, por sus prestaciones al arte del toreo; y la mítica, porque en el ruedo el toro se convierte en el destino del hombre que torea. No en vano el toro bravo es el único animal con nombre propio, heredado por línea materna desde hace cientos de años. De hecho, para el aficionado, la bravura es el alma del toro bravo. Un animal mítico, cuya identidad desborda lo estrictamente zootécnico.

El criador y creador de este superbovino es el ganadero de bravo. Un increíble artista agropecuario, sin embargo severamente enjuiciado por aficionados que lo deprecian porque no tienen en cuenta el desequilibrio en contra del toro con que hoy se plantea la suerte de varas. Si la suerte de varas se planteara como hace cien años, seis erales actuales acaban en una tarde con la potente cuadra de caballos de Madrid. Director de una explotación ganadera que, por su nómina de personal y su facturación tiene la envergadura de una pyme, no merece de las Instituciones un trato conforme a su aportación a la fauna universal. Afirman ilustres genetistas que en la hipótesis de que desaparecieran todas las razas del bovino sin joroba, todas se podrían reconstruir con el ganado bravo, tal es su variabilidad genética. Pero la talla subcultural de algunas autoridades, alimentada por el analfabetismo animalista, es lamentable. Por ejemplo, la del actual ministro de cultura, que pretende la prohibición de la tauromaquia, lo que significaría la extinción de la raza de lidia. O la de los diputados europeos de Podemos, que pretendieron excluir a la vaca brava de vientre de las subvenciones de la PAC.

Hay que reivindicar al ganadero de bravo, coautor de la corrida de toros. Al menos, los aficionados debemos hacerlo con justificada contundencia. Si la raza de lidia fuera una creación anglosajona otro gallo nos cantara.

viernes, 2 de agosto de 2024

De 'Tabarro' a 'Barba verde'

 


La vida taurina de David de Miranda no ha sido un camino de rosas. Su trayectoria profesional está marcada por un gravísimo percance que no logró quebrar las confianzas. Fue en la coqueta plaza zamorana de Toro, hace ya siete años, cuando un sobrero de Sánchez Urbina le partió por la mitad haciendo peligrar su vida primero, su trayectoria profesional después.

La capacidad de resurgir de esas cenizas, de creer en sí mismo, fue clave para recuperarse y volver a la cara del toro contra todo pronóstico y en tiempo record. Eran cuatro vértebras fracturadas, demasiadas dudas sobre la futura movilidad de su cuerpo y la fortaleza para afrontar una tremenda rehabilitación que dio la medida del hombre. Pero la vida le tenía guardado un premio:en la feria de San Isidro de 2019 llegó la confirmación de alternativa de manos del mariscal Juli que se saldó con una salida a hombros que, quizá, no tuvo el rendimiento deseado. Quedaba menos de un año para que la malhadada pandemia fundiera a negro hasta el último de los resortes cotidianos. Tocaba esperar de nuevo, seguir confiando en las propias posibilidades...

domingo, 8 de mayo de 2022

DE LADRONES, CÓMPLICES Y TOREROS

 Por Santi Ortiz

Los ladrones a la cárcel y no al palco presidencial de La Maestranza. Si ladrón es el que roba, don Fernando Fernández-Figueroa lo es en todo el sentido del término por haberle robado el pasado 6 de mayo al diestro Roca Rey la Puerta del Príncipe que con total justicia había merecido. Y robarle a un torero la Puerta del Príncipe es como robarle al Louvre la Gioconda. Comparo para que se den cuenta del tamaño de la tropelía.

domingo, 14 de febrero de 2021

El reconocimiento de los toros en la Unesco...

 

Por François Zumbiehl

Antropólogo y coordinador del grupo internacional de trabajo para el reconocimiento de las fiestas taurinas como patrimonio cultural inmaterial ante la Unesco

Muchos amigos, aficionados convencidos por supuesto, se apiadan amistosamente de los que seguimos pensando que, para hacer reconocer como patrimonio cultural inmaterial ante la Unesco la tauromaquia y demás fiestas taurinas, el camino será largo pero no desesperado. Es cierto que el contexto de la sociedad y de la opinión, a nivel nacional e internacional, es muy desfavorable a nuestra afición; es cierto que la gran mayoría de los jóvenes, desprovistos de las claves para entenderla, y bañados en el discurso buenista del ecologismo urbano, nos consideran – según la expresión desgraciadamente acertada del profesor Juan Antonio Carrillo Donaire al observar esta manera de sentir – como “una secta torturadora”, y añadiría yo trasnochada. ¿Somos, pues, víctimas de las ensoñaciones y del empecinamiento que achacaron al genial caballero andante? Sinceramente, no lo creo, aunque me inclino muy bajo delante de su eterna figura.

En primer lugar, por eso mismo: porque somos una minoría cultural, y nos debemos reconocer como tal en el entorno mundial, aunque la comunidad de los aficionados es amplísima, repartida en gran parte en tres países europeos y cinco latinoamericanos. Precisamente, las dos convenciones de la Unesco (2003 y 2005) tienen como finalidad evitar el empobrecimiento que supondría la globalización de la cultura, y proteger la diversidad que ofrecen las minorías, mientras sus tradiciones no dañan los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se puede afirmar por lo tanto que estas convenciones nos amparan muy particularmente. Nos ampara también el Tratado europeo – del cual se olvidan muchos políticos prohibicionistas – que reza en uno de sus apartados que se debe velar por el bienestar animal, siempre respetando las tradiciones religiosas y culturales, y los patrimonios regionales de los Estados.

En segundo lugar, porque la definición de la cultura adoptada por la Unesco, directamente inspirada por el gran antropólogo Levi-Strauss, nos va de mil maravillas. Es la relación obligada entre cualquier patrimonio inmaterial y la sensibilidad de una comunidad o comunidades que se identifican con él, que invierten en él sus valores, sus emociones, sus principios de vida. En este sentido, la Organización internacional se prohíbe establecer la más mínima jerarquía entre estos patrimonios. Lo que importa es la autenticidad de los sentimientos, interpretaciones y emociones – en nuestro caso éticas y estéticas – de los aficionados. Y ahí tenemos que poner atención: la fiesta de los toros corresponde a la totalidad de los cinco criterios marcados por la Convención para reconocer un patrimonio cultural inmaterial. Claro está, es un espectáculo vivo, pero -¡ojo! – es mucho más que un espectáculo. Aquí los aficionados no son meros espectadores que vienen a divertirse. Como los coros de las tragedias griegas, coprotagonizan el drama con su eco ritual – el ¡olé! –, con sus reacciones y hasta con sus divisiones de opiniones.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

LAS NUEVE RÉPLICAS


A lo largo de los siglos los antitaurinos lo han sido esgrimiendo la defensa del hombre. Denunciaban la gratuidad con que ponía en riesgo sus vidas: primero los mozos, después los caballeros y más tarde los toreros. Su denuncia también merece una respuesta, pero no vamos a darla porque hoy a los antitaurinos no les importa el hombre sino el animal.

El pasado 12 de febrero, un antitaurino venezolano, Rubén Alexis Hernández, ha publicado en Internet 9 puntos que argumentan su repulsa a las corridas de toros. 

Las leo y le respondo.

viernes, 13 de noviembre de 2020

LA LENGUA Y EL TOREO AGREDIDOS

 

Por Santi Ortiz

Somos lenguaje. Y es el lenguaje quien nos abre la puerta de un mundo fascinante, un territorio exclusivamente humano al que ninguna otra especie animal tiene acceso: el ámbito de la cultura. Ya el mismo lenguaje es un atributo humano y solamente humano, pues únicamente un abuso terminológico permite aplicar dicha noción al resto del mundo animal. Los animales a lo más que llegan es a poseer un código de señales, que utilizan exclusivamente para vehicular información; un código que, a diferencia del lenguaje humano, que es aprendido, no es fruto de ningún aprendizaje, sino innato e instintivo.


Somos, pues, el único “animal que habla”, como nos definió Aristóteles. El continuo caudal de palabras que nos viste y nos construye, inunda nuestra mente a través de los sentidos dejando entre sus sedimentos la arcilla que nos va configurando hasta hacernos personas. A través del lenguaje es como asimilamos y reproducimos la experiencia del mundo; es él quien hilvana sensaciones y memoria para forjar en el tiempo nuestra más íntima individualidad.

No obstante, el hombre es un ser social; esto es: no vive solo, sino relacionándose con otros y esta relación se produce gracias a la comunicación, de la que existen distintos tipos, el más importante de los cuales es el lenguaje. No obstante, aunque para todos los hombres el lenguaje sea lo mismo, no lo emplean del mismo modo, pues unos grupos humanos se valen de unos signos y otros utilizan otros diferentes; esto es: el lenguaje se concreta en distintas lenguas o idiomas. Los sonidos, las palabras y las frases que utiliza un español son diferentes a los que, por ejemplo, emplea un ruso; pues bien, al sistema de signos de lenguaje que emplea el español se le denomina “lengua española”, y si es ésta la primera que aprendió, constituye su “lengua materna”.